viernes, 11 de febrero de 2011

Basta que quieras

Si recibes un regalo y lo tienes a tu disposición: basta que quieras hacer uso de él...
No dudes del Don de Dios. Tu verdadera Morada es aquella. No te juzgues perdido en regiones lejanas... Regresa al Centro, habita el Secreto. Cuanto más adhieras, más libre serás y más tú mismo. Desde toda la Eternidad te hallas en el Corazón de Dios.
Hoy el rayo creador (por decirlo así) te ilumina y redescubres en él la Fuente de la luz y, por fin, tu morada. Si te hallas peregrino en el mundo es porque en realidad tu patria, tu respiro, tu vida y tu "lugar" es el Corazón de Dios...

Alberto E. Justo

Hacia la Morada verdadera

¿Sientes perplejidad o angustia? ¿Tantas son las "amenazas" que -de algún modo- percibes? Sin embargo, es muy posible, aún no te animas a cavar más hondo para hallar el tesoro.
Estima la plegaria breve, la frase breve... Este es un camino insuperable: el decir breve. Porque apenas abandona el silencio original.
La belleza es el silencio presente en todas las cosas, espacios, lugares, parajes... Todo participa de la belleza del mismo modo en que todo participa del silencio.
No existe música sin silencio.
Un rostro... : se manifiesta en proporciones y armonías que aparecen según lo que no son sus componentes (por decirlo de algún modo). Es por la ausencia y el silencio de trazos que lo manifestado refleja su hondura. Los trazos se ordenan y armonizan en el silencio...

Alberto E. Justo

miércoles, 9 de febrero de 2011


Lo más real

¡Señor! ¿Dónde moras? La "Morada" de Dios es nuestra morada... Nada ni nadie nos la puede ya arrebatar.
Descubramos y empeñémonos en el ser profundo. La Llama del Espíritu ha encendido la mecha de la lámpara.
Ahondemos en el Secreto. Lo que es secreto es lo más real...

Alberto E. Justo

Un nivel nuevo...

Hablamos de la "Fuga Mundi" y experimentamos esa necesidad de ir "más allá", de encontrar la paz y el silencio en algún paraje de este mundo o de cualquier otro. El asedio de las "cuestiones", de los ruidos y rumores, que pretenden descarrilarnos o apartarnos del centro... Todo ello abruma y continúa, y viaja con nosotros por todas partes... ¿Entonces?
Intentemos esa vía que siempre se halla abierta. Imaginemos nuestra vida y nuestra realidad como una esfera enorme... Pues, desde hace mucho (¿desde siempre?) ocupamos un espacio reducidísimo. Hemos oído hablar, alguna vez, de las pocas palabras que empleamos de nuestro idioma, del exiguo uso de nuestras facultades, de una suerte de "desperdicio" por atarnos a esto o a aquello...
Pues bien, en la esfera nos hallamos en la parte exterior y en un pequeño segmento de la corteza. ¿Por qué no intentamos introducirnos más, por qué no nos aventuramos "adentro"? Hay niveles insospechados. El más alto, el propio del espíritu, no lo consideramos, ni nos atrevemos a tanta profundidad. Pero allí está nuestro bien, allí encontraremos nuestra alegría...
Empeñémonos a vivir en libertad... Porque el nivel del espíritu comporta una permanente audacia. Pero sólo por allí hallaremos el silencio y la paz y sólo por allí nos asirá el Señor.
Descubramos el nuevo nivel. Está escondido como ocurre siempre con lo mejor. El secreto que sólo conoce el Padre. Es hora de vivir en ese Secreto. Busquémoslo en el silencio, en la meditación y en la plegaria.

Alberto E. Justo

domingo, 6 de febrero de 2011

Oración siempre nueva

Realicemos un profundo acto de Fe: Nuestra oración ha de elevarnos a Dios PRESENTE. La clave es este acto de Fe en la PRESENCIA de Dios, en nuestro centro, en nuestro corazón, en nosotros mismos...
Dice el himno de Vísperas de la Fiesta de la Transfiguración, en una de sus estrofas,
"Splendor Aeternae Gloriae
Incomprehensa Bonitas
Amoris tui copiam
da nobis per praesentiam."

(Esplendor de la Gloria del Padre
Amor(o Bondad) incomprensible
danos por tu presencia
la abundancia de tu Amor.)

Vivamos este Misterio de la Presencia de Dios en el Fondo del alma. Retornemos incesantemente en nuestra memoria a la Verdad. El Espíritu ora en nosotros. Silencio y paz.

Alberto E. Justo

martes, 1 de febrero de 2011

el secreto de la contemplación

Sin ánimo de ninguna apología... Descubrimos el mayor secreto cuando nos dejamos encontrar por Dios. Nuestra plegaria es la única Mirada, acoger en lo profundo, en lo hondo del alma, a Aquél que es engendrado y abre sus Ojos en el Corazón. Y nos ve, nos conoce, nos conoce desde siempre y desde siempre nos ama. Es Él, Aquél que nos dice -incesantemente- Yo Soy...
Oración inefable. No podemos describir ni explicar lo que nos trasciende y nos eleva...
Es Él.
No puedo hablar en tercera persona. Es ridículo. Sólo cabe elevar y sumirse en el Silencio, que sólo el Silencio puede ahora hablar.

Alberto E. Justo