domingo, 18 de noviembre de 2012

meditaciones en el camino

Tal vez no sea lo más adecuado detenernos a reflexionar o a meditar simplemente en las horas del mediodía, bajo el sol o bajo la lluvia... Quizá sea más propicia la noche, quieta y recogida. Pero lo cierto es que cuando el dolor o la enfermedad nos asaltan, (o angustias, o dudas) aparece una pregunta que resulta siempre difícil de responder. Y aparece en medio de ausencias, es decir cuando no hay quien nos responda, cuando comprobamos hasta qué punto la mejor solución es la que hallamos en nuestro silencio, en nuestro discernimiento, en nuestro corazón.
Pero esa "solución" siempre necesita mucho coraje de nuestra parte... El mejor descubrimiento no se da sin esa valentía que nos prepara para hacer frente a lo que sea y, también, como sea.
¿Has de decir "sí"? ¿Has de decir "no"? En cualquier caso nuestra respuesta no puede ser vacilante... Porque la vacilación interior acaba por dañar la salud, e impide la paz que se alcanza en la conciencia.
No se detenga, pues, el peregrino en minuciosidades y escrúpulos. Si ha de callar, calle; si ha de hablar, hable: pero sin temor de lo que decirle puedan o de reacciones inesperadas.

Alberto E. Justo

jueves, 15 de noviembre de 2012

el valor tiene muchos rostros


Más de una vez te preguntarás, con angustia, acerca de tu… libertad. Más de una vez, en efecto, te parecerá hallarte en extrema dependencia de personas y situaciones que no son “agradables”. No te importe nada de ello. Tu libertad es intangible y no pretendas que todos queden contentos con tus actitudes y tu conducta. Cuando sea necesario dirás “no”. Aprende a liberar instancias. No tienes compromisos, aunque puedan, otros, ofenderse o criticar con dureza lo que dices o lo que haces.

Alberto E. Justo


sin temor, sigue adelante


Sin tanto título, escribo estas pobres líneas, en las horas difíciles del cotidiano combate. No hallo ese horizonte, que parece tan lejano...; y no termino de convencerme que está más que inmediato.
         Sigo luchando en el inmenso desierto que no se nombra ni se describe. El camino es arduo, la fatiga harto tenaz... ¿Qué son estas horas de tanto dolor y ausencia?
         No es posible expresarlo. El dolor no se describe. Amanece esta noche, más oscura y, tal vez, más luminosa, ya que no lo puedo –en modo alguno- sospechar. 

Alberto E. Justo

soledad y belleza


¡Soledad! Contemplé una vez su rostro y permanecí embelesado… ¿Qué hubiera sido de mí si no la conociera entonces? Hoy, cuando se apiñan tantas máscaras engañosas, sería imposible soportar la fealdad.

         Porque la luz, pequeña luz, surge sola en la oscuridad que precede a la aurora. Entonces el aire regala su perfume y trae los ecos del río que pasa muy cerca. No se distinguen las flores y aún las aves duermen escondidas en la noche.
         Es la hora del rostro escondido; de esa admirable faz con vocación de sol, pero que no hemos de descubrir todavía. El Oriente se levanta ya en el corazón, que es anuncio, profecía y gusto del amanecer sin ocaso.
         Es muy posible que –a veces- nos dejemos vencer por no sé qué gustos o costumbres, según la hora del día, cuando olvidamos el núcleo profundo y su esplendor.
         Pareciera que nos conquista esa seudo necesidad de algunos aplausos que se deslicen como ásperas caricias en nuestros oídos, siempre dispuestos a la premiación.
         ¡Terrible olvido! La Belleza no se percibe en ruidos ni quehaceres… Aquello que, en efecto, alegra nuestro corazón y de veras nos premia, no  será jamás encontrado en ningún torneo ni encuentro mundano. No, no se brindará si pretendemos “hacer cosas”. Sólo nos ha de susurrar en la quietud que no sabe, ni pretende nada. En la quietud numinosa, sin pretensiones de ruleta mágica.
         No se busque una “historia” diferente. Sumérjase, quien quiera, en el piélago del ser. Es el camino… Tal vez sin distancias ni engaños.

Alberto E. Justo

martes, 13 de noviembre de 2012

hay caminos... porque los trazamos

Una impresión, alguna vez... Una imagen... Una melodía tal vez. Y se manifiesta el mundo sublime escondido, numinoso, que es el pórtico del templo donde Dios quiere habitar con nosotros: secreto de soledad, inefable, que no puede describirse y sólo experimentarse (si así lo podemos decir) en abandono y confianza.
Muchas veces decimos: -quisiéramos más, sí, más evidencia al menos... Pero la abundancia es más que silenciosa y el corazón gusta de todo ello más allá de las expresiones limitadas. Lo más inmediato y real no es "lógico", ni siquiera "aceptable" en cierto sentido y según los códigos que usamos...
Pero si nos atrevemos a aceptar el "paraíso", libremente, aquí y ahora, más allá de lugares comunes o seguridades deterioradas, recibiremos nuestro bien y lo hallaremos en nuestra intimidad más real y profunda.

Alberto E. Justo

lunes, 12 de noviembre de 2012

reencontrarte...

La vocación del hombre es volver a su profundidad, a su realidad honda, al secreto de su corazón...  Pero esta búsqueda no parece acabar nunca.
Es imposible reducir lo inefable a algunas reglas y encerrar la luz en límites precisos, de fácil dominio...
Nos reencontramos cuanto más aceptamos sumergirnos en el Misterio... Y nos damos cuenta, por fin, que es hora de seguir.

Alberto E. Justo

domingo, 11 de noviembre de 2012

Paz..., a pesar de todo

Es un desafío reconocer que nosotros mismos hemos armado las estructuras que nos oprimen... Es urgente "desmontarlas" y desarmar los hierros que cubren el castillo interior que, a veces, queda muy pequeño. Y esto es posible, y muy posible, cuando quitamos fuerza a los mosquitos que vuelan o a la lluvia o al viento... Ningún mosquito tiene identidad ideológica. No nos afecta su vuelo aunque luego nos lamentemos de alguna picadura... Pero no podemos levantar una frontera a causa de los insectos.
Cuando sufrimos como consecuencia de esas estructuras (¿tantas son?) es lo mejor no hacer caso y aceptar las picaduras. Nuestra vida no cambia por ellas. Somos los que somos, a pesar de las injusticias que podamos padecer.
Desmontar, una y otra vez, esos muros. Y penetrar en nuestro castillo interior desde donde se abre todo el horizonte de libertad. Es pequeño..., pero es enorme. ¡A descubrirlo pues, sin vacilar y con confianza!

Alberto E. Justo