lunes, 13 de julio de 2015

el rostro verdadero

El que no vemos ni se ve... Es la faz de dentro, que se descubre cuando todo calla, cuando inunda el silencio brotado del corazón...
Cuando no hay nada... ¿Se atreve el peregrino a hendir nuevas sendas en pos de una plenitud que no puede sospechar?
Una después de otra desaparecen figuras tal vez soñadas. Una y otra vez nos hallamos ante lo que no podemos abarcar, ni definir, ni medir, ni pesar... Pero es allí donde todo se abre. Es allí donde resuena la "música callada", allí se revela la honda realidad...
¿Es necesario hacer algo, o acelerar no sé cuál proceso para obtener algún resultado? Es seguro que no. Lo propio es dejarlo todo en reposo, en ese desprendimiento fecundo que acontece "más allá."
Reposo y encuentro inefable en la Mirada de Dios... El Ojo de Dios que nos ve es el mismo con el que nosotros lo vemos... Así el Maestro Eckhart, así el secreto admirable de todos los días y de todas las horas...

Alberto E. Justo

a pesar de la necedad...

La "aurora" no está "retrasada" porque acontece más allá. No son las falsas "visiones" ni las ilusiones las que nos entregan la luz auténtica... Nos parece, en tantas y en tan variadas ocasiones, que es allí o más allá, que es necesario y urgente corregir esto o aquello, pero lo que "parece", simplemente, no es...
¿Se trata, entonces, de inventar "otra" fantasía para oponer a ésta que hoy nos falla?
La clave está escondida pero es verdadera y no engaña. ¿Puede, el peregrino, separarse, desprenderse de su propio antojo o admitir que cualquier ocurrencia, justificada como sea, carece del valor imaginado?
Nosotros "aguardábamos"... Sí, sí, porque siempre resuena aquello de que "mi poder" está justificado, o el de otros, que lo mismo da.
La clave está en "despegarse", soltar reparos o ideologías que tuercen o fuerzan la realidad... ¿Es posible "forzar" la realidad?
Lo más profundo se halla en lo... "profundo", no en la superficialidad del "activismo" de moda.
La respuesta es: SILENCIO. El hombre ha perdido el gran "poder" de "callar", de no intervenir "desarreglando". El gran poder, en suma, de desaparecer de las lides inútiles a fin de sumergirse en la verdad del corazón, siempre más hondo, siempre más real.
Es claro que la "prudencia" necesita de la "historia" y que la ignorancia causa infinitos males...
Por eso el silencio, la meditación y la plegaria son el respiro del bien obrar y la mejor respuesta a la necedad y a sus argumentos.

Alberto E. Justo

lunes, 15 de junio de 2015

Lucha en la soledad

En efecto, no hay "fuerzas" competitivas... Con frecuencia nos imaginamos una lucha con contrarios bien definidos u objetivos también precisos... Pero esto "otro" es secreto y escondido.
El peregrino no encuentra apoyos, parece que no los tendrá, que su tarea o misión se desdibuja en los espejismos del desierto sin confines...
No se trata de enfrentamientos sino de un Misterio que halla su hondura siempre más allá, donde el solitario no sabe.
Las respuestas son, sin embargo, elocuentes. Brillan en un horizonte puro y despejado. La Luz no es avara y en sólo un instante despeja las alturas y nos levanta por encima de cuanto pudiéramos soñar...

Alberto E. Justo


Lucha y paz

En la hora presente, como en cualquier otra, se manifiesta un hecho ineludible: la peregrinación en la que estamos empeñados constituye una lucha, comporta esfuerzo y paciencia y, desde luego, el coraje -¡tantas veces!- de aceptar injustos rechazos. El secreto es hondo y admirable: ser uno con Aquél que vino a los suyos y los suyos no lo recibieron. Caminar como los antiguos, sin dudar en nuestros pasos, porque seguir las sendas por las que vamos comporta una paz más alta (si podemos decirlo así). Pero es claro que esa "paz" no es la del mundo ni la que pretenden ofrecer los que ambicionan el dominio o cualquier forma de poder. La paz verdadera sólo brota y vive en el corazón, en el centro, en el silencio, en la contemplación bendita. ¿Arrojo? Desde luego: no hemos de dudar ni ceder. Pero con la firme convicción de que todas las conmociones de este mundo no pueden apartarnos ni distraernos siquiera de nuestra vocación contemplativa.
Es inmensa la interioridad y no sabe de confines...

Alberto E. Justo


viernes, 5 de junio de 2015

Las Horas del "desengaño"...

Es posible -siempre- ir más allá. No pertenecemos a ninguna estructura ni ansiamos asfixias del color que sean. El peregrino descubre su "lugar", aunque dude, aunque demore, aunque la angustia quiera detenerlo.
La verdadera Filosofía es un "modo de vida" y en esto todos somos filósofos: cuando nos elevamos por encima de tantos planos engañosos que parecen cerrar los caminos con pendientes que no existen.
El hombre es capaz de descubrir su camino y seguirlo, aunque ciertas circunstancias pretendan echar sombras y confundir el panorama.
Es preciso y urgente -¡tantas veces!- negar la sandez y las necedades y adoptar una actitud coherente a fin de no caer en lugares comunes y en errores a la moda. Los apresurados ignoran la historia y el castigo que trae consigo semejante ignorancia, tantas veces voluntaria y culpable.
Busque el peregrino siempre más hondo, la "profundidad" es su destino y su morada. Viva con coraje, según su conciencia, y no repita "tonterías". Bastante abundan ya...
Fe, Confianza y Paz...

Alberto E. Justo

sábado, 23 de mayo de 2015

No repetir tanto: Ser

No te detengas en palabrejas ahora. No seas, esta vez, profesor de filosofía sino filósofo... Sólo abandónate en tu camino sin titubear. Tú haces ese camino tuyo en Aquél que te guarda y te lleva en Su Corazón. No temas, ni vaciles; no dudes y no pienses... Lejos de todo y de todos, muy cerca, inmediatamente, de Dios.

Alberto E. Justo


A pesar de las confusiones

Y no son tantas... Porque a pesar de contrariedades y oscuridades existe, en todo, una sencillez originaria que, en todo caso, es el auxilio y la guía para todo discernimiento.
Oímos y vemos, se dice y no se dice... ¿qué más da? ¿Quién "tiene" que comprender? ¿Los que suben, los que bajan, los que van, los que vienen?
Hay una luz que no se apaga, una llama que siempre arde, una hoguera que no se consume, un fuego que no se apaga... Todo ha llegado silenciosamente, constituyendo nuestra morada. 
¡Despréndete pues de todo, no te detengas en este paraje! El paisaje no tiene fronteras, el Cielo tampoco conoce límites...
No importa esto, no importa aquello. El Espíritu es nuestra vida y nuestra morada. Sumérgete en el Silencio... Paz.

Alberto E. Justo