Nada mejor que meditar en las horas difíciles acerca de nuestra vocación "personal". En efecto, podemos cometer un gran error cuando eludimos ese llamado "directo", el "nombre escondido", que cada uno sabe que ha recibido de Dios. Más de una vez, quizá por dudas injustificadas, caemos ante el espejismo de una falsa condición, que no nos pertenece en absoluto.
No dejemos que se nos "disuelva" en institución cualquiera, ni en grupo o grupejo alguno... Tengamos el valor y la audacia de discernir nuestra realidad y de aceptar nuestra relación "directa" sin vueltas ni arroyuelos. Puede parecer extraña esta insistencia, pero la verdad es que el peregrino no puede hallar su senda ni darse en caridad si olvida que siempre es "más" de lo que sospecha, si ignora que el "secreto", que sólo el Padre conoce, es el fundamento de su libertad.
Es necesario y urgente aprender, tal vez como un día aprendimos a leer y a escribir, cómo la libertad es honor y decoro de la vida. ¿No nos admira la acción de Dios y su infinito respeto?
Presencia y valor, pues, en el camino único...
Alberto E. Justo
lunes, 9 de junio de 2014
lunes, 2 de junio de 2014
una vez más: el secreto
Secreto maravilloso, que es la vida... ¡Cuántas veces olvidamos lo más simple y directo! Pero allí estamos porque Dios está...
Golpeamos puertas pequeñas, muy pequeñas, y descuidamos que hay Alguien a nuestra puerta, ya en nuestro corazón, que aguarda nuestra atención y adhesión...
Nunca lo meditaremos bastante... Pero "aquello", o "Aquél", no es "objeto". No reduzcamos la visión interior. Descendamos cada vez más en el ámbito, en lo íntimo y más escondido, siguiendo en el respiro profundo el camino que más nos vela, nos revela y nos cela...
Sí, el camino que nos esconde y que nadie conoce. ¡Y no importa que nadie lo conozca! Así es mejor. El silencio es horizonte fecundo.
Alberto E. Justo
Golpeamos puertas pequeñas, muy pequeñas, y descuidamos que hay Alguien a nuestra puerta, ya en nuestro corazón, que aguarda nuestra atención y adhesión...
Nunca lo meditaremos bastante... Pero "aquello", o "Aquél", no es "objeto". No reduzcamos la visión interior. Descendamos cada vez más en el ámbito, en lo íntimo y más escondido, siguiendo en el respiro profundo el camino que más nos vela, nos revela y nos cela...
Sí, el camino que nos esconde y que nadie conoce. ¡Y no importa que nadie lo conozca! Así es mejor. El silencio es horizonte fecundo.
Alberto E. Justo
domingo, 18 de mayo de 2014
de camino, sin detenernos...
Es posible que la fatiga del peregrino sea muy grande. Más posible todavía es que no se sienta comprendido o aceptado, o no halle paz en sus tiempos y en tantos lugares... Sin embargo Dios llama y la voz interior no calla. Entendámonos bien: Dios no llama a este lugar en especial (cualquiera sea), llama a "seguir". El Señor nos llama a seguirlo, a Él. Porque tal cosa comporta nuestra vida y las variaciones pueden ser infinitas.
No nos extrañemos de las escasas coincidencias entre las cosas que suponíamos necesariamente juntas o de acuerdo con no sé cuáles principios. El Señor nos convoca por vías insospechadas y despierta sentidos escondidos en nuestro corazón.
No es el hombre juguete caprichoso de nadie. Ni siquiera de quienes se tienen por poseedores de cetros y de reglamentos favorables aún en los campos "religiosos"...
La "voz" de Dios necesita de silencio y de respeto para ser percibida; y nunca de atropellos del color que sean.
Es preciso, pues, continuar a pesar de todo, por un camino siempre inédito, de algún modo siempre nuevo, que se labra con nuestros pasos, en confianza y en paz.
Alberto E. Justo
No nos extrañemos de las escasas coincidencias entre las cosas que suponíamos necesariamente juntas o de acuerdo con no sé cuáles principios. El Señor nos convoca por vías insospechadas y despierta sentidos escondidos en nuestro corazón.
No es el hombre juguete caprichoso de nadie. Ni siquiera de quienes se tienen por poseedores de cetros y de reglamentos favorables aún en los campos "religiosos"...
La "voz" de Dios necesita de silencio y de respeto para ser percibida; y nunca de atropellos del color que sean.
Es preciso, pues, continuar a pesar de todo, por un camino siempre inédito, de algún modo siempre nuevo, que se labra con nuestros pasos, en confianza y en paz.
Alberto E. Justo
miércoles, 14 de mayo de 2014
¿Nombrar o calificar lo que no tiene nombre?
Muchas cosas son dichas porque no hay más remedio que adoptar las palabras que tenemos a disposición. Pero hay realidades que superan cualquier determinación y no es fácil expresar, así no más, el camino que cada peregrino sigue. Es muy probable que ni siquiera él mismo acertara a "verse" en su senda.
Ser "monje en el mundo" comporta trascender ámbitos para llegar a un silencio mayor en Dios. Es este el sentido en que lo planteamos aquí, más allá de "modos" o maneras. Con una analogía diríamos, con San Bernardo, que el "modo" de amar a Dios es "amarlo sin modo". El "modo" de esta soledad, de esta "vocación", es carecer de modo.
Se trata de un misterio que sólo aprovecha a quien se deja "elevar" más allá de ilusiones y fronteras. Es posible a todo viandante "enamorarse" hasta tal punto y entrar en el secreto del corazón donde Dios ha construido su templo y su ermita. ¡Y vivir en verdad allí!
Alberto E. Justo
Ser "monje en el mundo" comporta trascender ámbitos para llegar a un silencio mayor en Dios. Es este el sentido en que lo planteamos aquí, más allá de "modos" o maneras. Con una analogía diríamos, con San Bernardo, que el "modo" de amar a Dios es "amarlo sin modo". El "modo" de esta soledad, de esta "vocación", es carecer de modo.
Se trata de un misterio que sólo aprovecha a quien se deja "elevar" más allá de ilusiones y fronteras. Es posible a todo viandante "enamorarse" hasta tal punto y entrar en el secreto del corazón donde Dios ha construido su templo y su ermita. ¡Y vivir en verdad allí!
Alberto E. Justo
"como monjes en el mundo..."
"Tú serás monje en el mundo..." Son palabras del starets... Podemos recibirlas de mil maneras... Es una vocación y, ante todo, un secreto.
El secreto es algo así como el esplendor de una condición que está en el Corazón de Cristo. El que se pretende "renunciante" ha de aprender a renunciar... a la "renuncia"... Quien se "abandona" en verdad ha de abandonar el "abandono"...
La "soledad" carece de condicionamientos y de determinaciones. Está simplemente más allá. El signo deja de percibirse en la posesión plena de lo significado... En suma, busquemos más hondo y más allá. No hemos de detenernos en ninguna frontera.
Alberto E. Justo
El secreto es algo así como el esplendor de una condición que está en el Corazón de Cristo. El que se pretende "renunciante" ha de aprender a renunciar... a la "renuncia"... Quien se "abandona" en verdad ha de abandonar el "abandono"...
La "soledad" carece de condicionamientos y de determinaciones. Está simplemente más allá. El signo deja de percibirse en la posesión plena de lo significado... En suma, busquemos más hondo y más allá. No hemos de detenernos en ninguna frontera.
Alberto E. Justo
jueves, 8 de mayo de 2014
el camino es siempre mayor
Ya no hay detenimientos en modos ni maneras. El desierto nos habla de ausencia pero también de plenitud. Frente a un icono hemos de ir más allá de su figura, pasando a través de ella o superándola en el corazón. Lo mismo ocurre con el desierto, con el cielo, con el mar, con los ojos, con la hondura de una mirada... Porque hay siempre "algo más" podemos pasar y alcanzar esa hondura, ese "fondo", que no tiene confines.
Hay una Presencia que está en todas partes: en lo grande, en lo pequeño. Lo hemos olvidado, privilegiando lugares o momentos, elevando algunos y despreciando otros.
Si el Verbo nace en el alma ¿qué más? ¿Qué estoy buscando tan lejos?
Alégrese el espíritu y goce del don inefable. El camino es mayor porque es recto y directo, sin curvas ni cuestiones.
Alberto E. Justo
Hay una Presencia que está en todas partes: en lo grande, en lo pequeño. Lo hemos olvidado, privilegiando lugares o momentos, elevando algunos y despreciando otros.
Si el Verbo nace en el alma ¿qué más? ¿Qué estoy buscando tan lejos?
Alégrese el espíritu y goce del don inefable. El camino es mayor porque es recto y directo, sin curvas ni cuestiones.
Alberto E. Justo
miércoles, 7 de mayo de 2014
el desierto está en nosotros
De todos modos el desierto está en nosotros y podemos reconocerlo o discernirlo en los lugares o acontecimientos de nuestra peregrinación...
Es una condición (en relación desde luego con la soledad de la persona) y también una conciencia. El hombre se descubre según se sumerge en la realidad que lo levanta, o -mejor- se deja elevar a la participación de la trascendencia, a su condición "celeste", adonde Dios lo llama y lo rapta.
El desierto significa: "siempre más allá." Y la paradoja de su quietud consiste precisamente en esa escala, que lo introduce en su intimidad inaudita e inefable... Lo que parece tan lejos está demasiado cerca...
Aún podemos vencer las apariencias y "nacer de lo Alto", en Espíritu y en Verdad.
Alberto E. Justo
Es una condición (en relación desde luego con la soledad de la persona) y también una conciencia. El hombre se descubre según se sumerge en la realidad que lo levanta, o -mejor- se deja elevar a la participación de la trascendencia, a su condición "celeste", adonde Dios lo llama y lo rapta.
El desierto significa: "siempre más allá." Y la paradoja de su quietud consiste precisamente en esa escala, que lo introduce en su intimidad inaudita e inefable... Lo que parece tan lejos está demasiado cerca...
Aún podemos vencer las apariencias y "nacer de lo Alto", en Espíritu y en Verdad.
Alberto E. Justo
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