sábado, 1 de enero de 2011

¿Qué comporta, en verdad, confiar?

No se trata de apelar a ninguna casualidad, ni a la buena fortuna, ni a cerrar o abrir los ojos, ni a todas esas "seguridades" que, según el tiempo, se nos van ocurriendo. Se trata, en cambio, de no confiar en creaturas, ni métodos, sino en una confianza heroica en Dios. A imitación de Abraham que "esperó contra toda esperanza."
El secreto comporta este derrotero interior: así como no tengo prueba, ni demostración, ni constancia de lo más sublime (y sé con máxima certeza que ES), también he de arrojarme en los caminos de la historia y de la misión que el Señor me da, sin más comprobación de añadidura.

Alberto E. Justo

Tengamos presente lo más escondido

Siempre de camino, descubriendo el secreto del corazón, del Fondo del Alma, maravilloso misterio del cual nada podemos decir y todo podemos gozar...
Es un regalo penetrar algo de todo ello, pues nos damos cuenta que la luz, que la música más sublime, está ahí y que no queda sujeta ni expuesta a variaciones ni antojos, a razonamientos vanos, ni a comentarios ociosos. Cuando algo interior y verdadero se nos esconde es para "verlo" en una perspectiva infinitamente más profunda, que va más hondo que los sentidos y las potencias.
Por ello: callemos reverentes, con infinito respeto, y cultivemos ese silencio que ya está en el alma y que nos lo dice todo más allá de todo (o más aquí, si se prefiere) sin olvidar la ternura divina que se manifiesta a cada paso de nuestras jornadas.

Alberto E. Justo

domingo, 12 de diciembre de 2010


Apertura, otra vez y siempre

Quizá alguien camine por senderos silenciosos, al pie de las monatñas, donde apenas un leve soplo del viento acompaña su andar. Otros seguirán por el valle, más allá de cualquier determinación, admirando y gustando el aire y el perfume de las flores. Habrá -por esas zonas de la lejanía- ilusionados peregrinos buscando siempre una nueva soledad...
Por aquí, en cambio, sin lograr expresión adecuada, bordeamos el abismo y nos deslizamos en él. Ruidos los hay, de los más terribles, sorpresas de todo tipo y a granel, miradas perdidas, desengaños, sombras y santuarios sin altares... Soledad sin marcos, ni límites, hondura inaudita, interrogante que evoca las sendas más escondidas y los lugares que ya no son tales.
¿Espacio? No queda otro que el salto a la Eternidad.
Todo el encanto y la belleza de los altos parajes, todo el embrujo de aquellas melodías de paz, los perfiles de rostros maravillosos, los ojos más penetrantes... Todo, todo, puede vivirse en esta apertura del alma a la Eternidad.

Alberto E. Justo

domingo, 5 de diciembre de 2010

¿Predicamos en el Desierto?

Nuestra voz se pierde en la lejanía de aquellos eriales y el eco se esconde en las montañas, más allá...
Es el Misterio. Porque todas las "voces" se proyectan en la Eternidad y los Silencios, que son presencia maravillosa, se hallan profundos en el Corazón.

A.E.J.

sábado, 4 de diciembre de 2010

La misión verdadera

¿Aún te preguntas por el sentido o por tu misión en este mundo? Es verdad: esta cuestión viene y va, se renueva a pesar nuestro y , en esta hora, no deja de tener una tonalidad angustiante cuando las respuestas no parecen conformar del todo. Soñamos, sí, soñamos y deseamos y ¡tantas veces! quisiéramos liberarnos de nuestros sueños, de nuestros deseos, de esas tensiones que no nos dejan en paz. Pero seguimos soñando y, lo que es peor: comenzamos a comparar y a analizar: ¿será por aquí, será por allá? ¿Me equivoqué ayer, tropezaré mañana?
Quien vive, desea. Esto es así. No nos asustemos ni temamos nuestro deseo... Pero no lo empequeñezcamos, no lo mezquinemos con ilusiones o imágenes de dudoso nivel. No soñemos con convertirnos en... Julio César o Juan de los Palotes. Es indudable que empresas y tareas las hay y merecen nuestra aplicación. Pero ellas, todas ellas, se dan donde no las podemos registrar a nuestro antojo y donde no caben imitaciones ni máscaras.
¿Qué podemos decir de nosotros mismos? No es tal el camino. La vida se desarrolla interiormente y lo que parece lejano en las distancias de este mundo es inmediato y cercano en la hondura del corazón. ¿Quién puede entrever, quién se atreve a adivinar los "secretos" de un alma...? Porque es en la profundidad y soledad de esos valles, en los ríos caudalosos que descienden de esas montañas, donde se ganan los combates y las guerras, donde se libran las verdaderas batallas.

Alberto E. Justo

viernes, 3 de diciembre de 2010

quizá una nueva épica

Como peregrinos empeñados en misión... Es posible, desde luego, perder muchas cosas. Es muy posible carecer de éxito... El camino, de hecho, es mucho lo que nos enseña. Pero también hay un secreto: no hemos de perder nada, no perdemos nada cuando todo es ofrecido. La derrota es victoria cuando es totalmente entregada a Dios.
¿Qué es vencer? ¿Qué comporta? ¿Las felicitaciones y las albricias del mundo, los triunfos en una historia perecedera?
La "victoria" es la Voluntad de Aquél a quien rogamos que Ella se cumpla así en la tierra como en el Cielo.
Abandonemos esa "vida" fugaz, que tanto nos seduce, para alegrarnos y triunfar hasta con lo que perdemos: cuando, en efecto, trascendiendo nuestros juicios nos encontramos en la misma Mirada de Dios.

Alberto E. Justo