Sabemos ya que aquí no se trata de un... antojo, ni menos de capricho alguno.
Se trata de un regalo, de un don... El alma ES elevada.
Por ello aceptemos con gozo esa realidad que nos libera, cuando en efecto nos redescubrimos en el mismo Corazón de Dios, donde somos, nos movemos y existimos.
¿Qué dirás en tu corazón? Como un niño apenas alguna cosa, pero, sobre todo, te aprestarás a escuchar, a penetrar en el corazón de ese templo incomparable que eres tú... Ten, pues, conciencia de tu realidad verdadera. Esto es: "dónde en verdad respiras"... ¿Cuál es el "aire", el "soplo" del cual vives?
Medita sin cesar estas cosas...
Alberto E. Justo
viernes, 9 de noviembre de 2012
jueves, 8 de noviembre de 2012
Presencia de Dios... Siempre, a cada instante
¿Has visto hoy la Aurora ? ¿Sabes que Dios habla en todas partes?
Oración primera…, camino sin rumbo y, aparentemente, sin destino. Ayer todo era más claro, más diáfano. Por lo menos veía el suelo que pisaba, la tierra que me sustentaba… Y más lejos el horizonte –tal vez lejano- pero inconfundible: era hacia allí.
Hoy es muy difícil decir nada acerca de todo ello… Quizá lo primero, lo mejor, lo más oportuno y lo más noble sea volver al silencio más profundo, a la quietud y a la paz…
Cuanto más se desciende al silencio y en el silencio, más se perciben los sonidos menores, por decirlo así. En estos murmullos quedos se oye más, llevan no sé qué cosa que supera en verdad y en hondura cualquier ruido de este mundo. Es como el viento que agita los árboles, como la canción del agua propia del arroyo que sigue sin detenerse, como el aleteo nocturno de algún ave que despierta, como el sonido lejano de la tempestad.
Quédate, pues, a la lu
¿Has visto hoy la Aurora ? ¿Sabes que Dios habla en todas partes?
Oración primera…, camino sin rumbo y, aparentemente, sin destino. Ayer todo era más claro, más diáfano. Por lo menos veía el suelo que pisaba, la tierra que me sustentaba… Y más lejos el horizonte –tal vez lejano- pero inconfundible: era hacia allí.
Hoy es muy difícil decir nada acerca de todo ello… Quizá lo primero, lo mejor, lo más oportuno y lo más noble sea volver al silencio más profundo, a la quietud y a la paz…
Cuanto más se desciende al silencio y en el silencio, más se perciben los sonidos menores, por decirlo así. En estos murmullos quedos se oye más, llevan no sé qué cosa que supera en verdad y en hondura cualquier ruido de este mundo. Es como el viento que agita los árboles, como la canción del agua propia del arroyo que sigue sin detenerse, como el aleteo nocturno de algún ave que despierta, como el sonido lejano de la tempestad.
Quédate, pues, a la luz de la lámpara en medio de la noche, o si sales busca las estrellas. Trata de descubrir ese misterio que allí se esconde. Detente ante el silencio de las flores… Detente ante el silencio del dolor. Detente ante la pregunta que no halla ni tiene ahora respuesta… Cierra los ojos y abandónate a Dios.
El lenguaje silencioso que toca el misterio no tiene éxito… No procures el aplauso, ni el reconocimiento. Deja pasar, deja dormir. Tal vez un sueño te despierte a otro sueño en la oscuridad. Quizá ese sueño te lleve al verdadero sueño, más allá.
No te canses de soñar. No valen los estilos y los cuidados que crees tener con esto o con aquello. Rompe con esas cerrazones y sal al aire libre, al suave viento de tu corazón.
No te alcanzarán los volúmenes imaginables para escribir tus pasos de peregrino. No tienes que dejar constancia de nada de ello. Escribe en el Corazón de Dios.
Alberto E. Justo
z de la lámpara en medio de la noche, o si sales busca las estrellas. Trata de descubrir ese misterio que allí se esconde. Detente ante el silencio de las flores… Detente ante el silencio del dolor. Detente ante la pregunta que no halla ni tiene ahora respuesta… Cierra los ojos y abandónate a Dios.
El lenguaje silencioso que toca el misterio no tiene éxito… No procures el aplauso, ni el reconocimiento. Deja pasar, deja dormir. Tal vez un sueño te despierte a otro sueño en la oscuridad. Quizá ese sueño te lleve al verdadero sueño, más allá.
No te canses de soñar. No valen los estilos y los cuidados que crees tener con esto o con aquello. Rompe con esas cerrazones y sal al aire libre, al suave viento de tu corazón.
No te alcanzarán los volúmenes imaginables para escribir tus pasos de peregrino. No tienes que dejar constancia de nada de ello. Escribe en el Corazón de Dios.
Alberto E. Justo
martes, 6 de noviembre de 2012
Horas,,, que no son
¿Hay
algunas que sí son?
No permitamos que las
preguntas, interrogaciones y cuestiones avancen en nuestro panorama. Hemos
llegado a la ribera, hemos abandonado un mundo que no dejamos de dejar... Y,
entonces, partimos. Sigamos partiendo...
Creíamos que... “partir” consistía en emprender no sé qué
viaje para alejarnos rápidamente de los sonidos y estrépitos que tanto nos
mortificaban, y nos mortifican...
Pero hemos llegado a la ribera, junto al lago, y nos damos
cuenta, sin lugar a dudas, que “ir a otra parte” sólo es posible, en verdad, en
el corazón.
El culto a las exterioridades ha fenecido para quien desee y
busque el secreto escondido...
Hace ya mucho tiempo que soñábamos con disfraces siempre
diferentes, apostando a “seguridades” o a “tranquilidades” superestructuradas,
armaduras de hierro que pretendían y pretenden proteger...
Hoy sabemos que siempre quedábamos detenidos en el mismo
lugar, quizá porque no acabábamos de distinguir el horizonte: hacia la
ribera... Hacia el destino que, sin embargo, no es allá.
Mi historia es arribar adonde nunca lo tuve como posible...
Es así, aunque no se entienda el tejido escondido de semejante afirmación y
pretensión.
Adonde son tan pocos los que llegan, porque desprecian la
santa locura de quien por fin emprende el camino sin más...
¿El camino? ¿Qué camino?
Ningún camino de esos que están por ahí... Cuando considero
que estoy: trazo una huella o mil huellas...
¿Camino? ¿Progreso? Pues nada de todo eso. Ni método, ni
ensayo, ni plan. Aquí no más. Hacia muy adentro, efectivamente, “más allá”.
Estarse “quieto” es “caminar”. Por no sé dónde, porque ya se
está...
Alberto E. Justo
lunes, 5 de noviembre de 2012
sin título y sin porqué
Sin saber ni conocer.... ¿qué
cosas? Sin haberlo sospechado así. Un buen día, quizá una tarde, cuando el
ocaso encendía distintos tonos en el horizonte. ¿Qué más? Pues entonces y nada
más.
Los muros estaban vacíos, desiertas las paredes de la casa.
Las ventanas sin cortinas, las puertas sin sus llaves. Nada invitaba a
quedarse, porque ni hogar, ni chimenea, ni cuadros, ni flores. ¡Triste y
desolado lugar!
En la otra vertiente... ¡Dios mío, qué alud, qué derrumbe!
Caían, como una plaga invasora, como aquellas nubes de langostas, personas y
más personas, atropellándose unas a otras, andando tan ligero que nunca
llegaban a destino...
Mi pregunta fue inmediata: -¿estoy yo realmente aquí? En
suma, cuando el rechazo y el estupor angustiante estrechan la respiración y
casi la ahogan: ¿estamos en verdad allí, o venimos de otra parte, quizá desde
muy lejos, o nunca nos fuimos del lugar en el cual nos hallábamos y ahora nos
engañamos?
El alma, como el ave antigua, vuela y se eleva y no tolera
los sombríos sótanos de la crueldad y de la tiranía de cosas y de entrelazadas
costumbres... Son las imposiciones que se generan en terribles egoísmos. Pues
los más terribles son los más “justificados”. Cuantas mayores y más abundantes
razones esgrima para imponerme, más lejos estaré de la “razón” que pretendo.
El espíritu tiene, en cambio, vocación de altura... Y vuela,
tal vez adonde no sabemos... El soplo, que es respiro, lo lleva, lo envuelve,
lo adopta, se torna uno... No puedo justificarlo ni explicarlo. No puedo
reducirlo, porque sus dimensiones no se pueden pesar ni medir. Pero lo sé, lo
conozco; lo conozco sin poder traducirlo... Simplemente lo veo, como veo el
corazón a través de quien señala el símbolo del corazón de carne, tal vez en su
propio cuerpo.
Y lo aprendo en esas historias maravillosas, en esas
imágenes y figuras del tesoro de una tradición siempre fecunda... Por ello
admiro al perro de Odiseo, único en “reconocer” al héroe.
Esto es leer más allá o, simplemente, ver más allá, que
significa “más adentro”.
¿Dónde estoy? Es imposible responder con categorías usadas o
de segunda mano... Es preciso, si
pretendemos una respuesta veraz, atravesar las nubes y subir más allá...
No es fácil ni placentero subir o seguir por suposiciones o
con promesas... No nos conformamos con pruebas escasas... Ocurre que... dudamos
¿Entonces?
Pero hay un tesoro escondido, un testimonio, una certeza.
Sería muy vulgar difundirla o apresurarse en un discurso que no cabe en
expresiones corrientes. Nada grande se resuelve en una fórmula. Por ello
detenemos un tanto nuestra marcha para contemplar el paisaje.
Alberto E. Justo
domingo, 4 de noviembre de 2012
Lejos de los ídolos...
Y también de aquellos que nos rodean y parecen aceptables y hasta seductores. ¡No nos conformemos con poca cosa y con las repeticiones de siempre! Vayamos más adelante... ¿Hacia dónde? Más adelante, más allá, que es más aquí en profundidad.
Descendamos, si es preciso, hasta recuperar nuestra vida profunda, que es nuestra "realidad". Descender o ascender... ¿qué más da? Porque somos llamados, sí -verdaderamente llamados- y elevados por Aquél que ES...
Alberto E. Justo
Descendamos, si es preciso, hasta recuperar nuestra vida profunda, que es nuestra "realidad". Descender o ascender... ¿qué más da? Porque somos llamados, sí -verdaderamente llamados- y elevados por Aquél que ES...
Alberto E. Justo
cuando no veo las fronteras...
Todo "desprendimiento" comporta la desaparición de los límites que nos protegen. Ya no tenemos esas "seguridades" que parecían garantizar nuestros pasos y, de un modo o de otro, darnos la razón. Ahora el Misterio ocupa el centro porque hemos partido y confiado todo... Y sabemos que el Padre, en verdad, no nos deja nunca... Cuando desaparecen las fronteras brotan las flores nuevas. Es el anuncio de ese nacimiento que siempre somos.
No son las armazones, ni los tornillos, ni las tuercas (por más ajustadas que estén)... Arrojo, pues, y paz.
Alberto E. Justo
No son las armazones, ni los tornillos, ni las tuercas (por más ajustadas que estén)... Arrojo, pues, y paz.
Alberto E. Justo
Pero toda "senda" tiene sus riesgos
Sí, hemos de admitirlo con confianza... La llamada "senda del corazón" comporta discernimientos y decisiones que no son fáciles y que suponen renuncias y, sobre todo, cierta "inseguridad".
El camino interior carece de determinaciones y normas que nos proporcionen esas "certezas" exteriores que, aparentemente, garantizan "pisar fuerte" (digámoslo así) porque no nos vamos a equivocar...
Tantas veces dejaremos esto o nos apartaremos de aquello y quedaremos en medio de la ruta quizá aguardando...
Es claro que el abandono y la confianza en Dios cubren todo nuestro paisaje, pero no pretendamos soluciones matemáticas ni univocidades resplandecientes. La noche es noche y no pretendemos otra luz que aquella, esta, que alumbra la noche, la noche de la contemplación que es más clara que el día...
¿Vivir sin paradoja? Es imposible.
Alberto E. Justo
El camino interior carece de determinaciones y normas que nos proporcionen esas "certezas" exteriores que, aparentemente, garantizan "pisar fuerte" (digámoslo así) porque no nos vamos a equivocar...
Tantas veces dejaremos esto o nos apartaremos de aquello y quedaremos en medio de la ruta quizá aguardando...
Es claro que el abandono y la confianza en Dios cubren todo nuestro paisaje, pero no pretendamos soluciones matemáticas ni univocidades resplandecientes. La noche es noche y no pretendemos otra luz que aquella, esta, que alumbra la noche, la noche de la contemplación que es más clara que el día...
¿Vivir sin paradoja? Es imposible.
Alberto E. Justo
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