Grandes, grandes son los que han callado... Aquellos que hoy y siempre custodia el silencio. La historiografía consagra a los "gritones", que en gran parte son mediocres.
Las grandes gestas, ¿qué son, qué comportan?
El asombro ante el "vacío" del mundo mueve al silencio, a trascender necedades y lugares comunes...
Los héroes verdaderos son los hijos y moradores del Desierto...
Alberto E. Justo
lunes, 23 de septiembre de 2013
jueves, 19 de septiembre de 2013
Aún más hondo...
Nos sorprenderá que nunca alcancemos medidas ni límites... La "profundidad" no tiene fin... El "camino" del alma nunca acaba... Pasarán los años y las distancias y nos "sentiremos" extraños porque nunca llegamos o porque nos parece que el "fin" se aleja cada vez más... Algo de esto es necesario meditar ahora cuando pretendemos tantos perfiles acabados y definiciones más que suficientes...
La "hora" se torna fecunda cuando cae y escapa a nuestras medidas... El espíritu supera los confines, el espíritu halla su centro, su sentido y su vida en sólo Dios.
No nos admiremos de esta inacabable senda, de esta peregrinación más allá de las fronteras. Dejemos que Dios nos lleve, que nos levante cuando y donde Él quiera... Porque es precisamente eso, eso mismo que no sospechamos, lo que nosotros queremos en nuestro corazón.
Alberto E. Justo
jueves, 22 de agosto de 2013
el camino continúa...
Tal vez tengamos el deseo (¿la tentación?) de pretender llegar a destino con gran rapidez... Me traevo a decir que, por estos parajes la condición de "peregrino" es ya un "fin". Quizá sea lo propio "seguir adelante" con confianza y perseverancia. Pero, el que se puso en movimiento, por fin, HACIA, ¿no llegó ya, de alguna manera?
Efectivamente, nada ganamos e el clima de impaciencia y sí arribamos en el ámbito de la paz y de la quietud. Esto es admirable y es, desde luego, una paradoja. Cuando juzgamos descansar en un término definitivo es cuando nos alejamos del fin. Cuando consideramos que aún hemos de andar nos aproximamos a la meta.
Abramos las puertas de la confianza y del "abandono". Seguramente hallaremos nuestro bien...
Alberto E. Justo
Efectivamente, nada ganamos e el clima de impaciencia y sí arribamos en el ámbito de la paz y de la quietud. Esto es admirable y es, desde luego, una paradoja. Cuando juzgamos descansar en un término definitivo es cuando nos alejamos del fin. Cuando consideramos que aún hemos de andar nos aproximamos a la meta.
Abramos las puertas de la confianza y del "abandono". Seguramente hallaremos nuestro bien...
Alberto E. Justo
jueves, 8 de agosto de 2013
identidad
¿Has perdido tu “sentido” de “identidad”?
Es esta una pregunta, tal vez, muy mal formulada... Algunos quizá la juzguen
hasta “atrevida”... Y, sin embargo, la mantenemos a pesar de las dificultades.
¿Te percibes allí debajo, sin asidero, sin domicilio, sin hogar,
sin un destino claro, en esta hora de confusión y de tormentas? ¿Dónde está tu “persona”,
dónde tu “sí” profundo, dónde –en verdad- tú mismo?
Las explicaciones y los sermones, las doctrinas y las
propuestas son tantas ¡tantas! que ya no acertamos a distinguir en las brumas
de los caminos: hay demasiada niebla en nuestros parajes... ¿No parece así?
Quizá así lo padezcan algunos y bastaría que uno solo lo sufriera para que, en
la oración y en la meditación, nos ocupáramos de ello. Pero, en realidad, a
todos nos toca, de alguna manera.
¿Quién es el que sufre? ¿Quién sufre esta vez y con
frecuencia? ¿Quién? Ciertamente no se trata de una institución, ni de
estructura alguna. Son palabras insuficientes, pero no hay modo de prescindir
de ellas.
Padece este hombre... Este mismo, esta persona, este corazón...
Quizá ha buscado ciudadanía o filiación no sé dónde, pero ahora su desilusión es muy grande porque no ha hallado
la respuesta ni el lugar ansiados.
Y no es de extrañar, ya que no encontraremos nunca nuestro
bien en cosas ni en relaciones perecederas. Forzamos por todos lados,
insistimos y volvemos a comenzar, nos ilusionamos con matices o con noticias más
o menos “mejores”, pero no hay nada que hacer, lo que es limitado es así
limitado y no nos brinda lo que procuramos o lo que aguardamos en nuestra sed
de absoluto.
Arribamos a caer enfermos, a desesperar, porfiando sacar de
un pozo seco el agua viva..., la única que puede apagar nuestra sed. La ilusión
es terrible y se hace violenta y hasta mortal cuando cava en la tierra reseca y
pretende de las cosas lo que estas no pueden dar.
Nunca como hoy se ha dado con tal vigor la “crisis” de
intermediarios. Se los ha querido como “fines” y se los ha convertido en un “infierno”.
Ármate, pues, desde tu interioridad. Lo que cuenta es lo que
en verdad eres, no de lo que te vistes o se te antoja que te cubre como si
fuera tuyo...
¿Sabes quien será siempre modelo de “solitario”? Los Padres
antiguos supieron verlo... Pues Aquél que vino a los suyos y éstos no lo
recibieron...
Alberto E. Justo
miércoles, 31 de julio de 2013
desasimiento y plenitud
Muchos son los parajes que
atraviesa el peregrino. Quizá la mayoría no los imaginara nunca... ¿Quién puede
sospechar tantos derroteros, aquí y allá?
Pero hay un camino, camino único, que no podremos señalar jamás
en las cartas geográficas, ni en los planos, ni en nuestra imaginación. Y por él
venimos andando desde hace mucho tiempo, y no “cualquier” tiempo, al antojo del
reloj o del almanaque.
¡Ah, profundidad inmensa! El “desasimiento” nos abre a lo
inefable... No te aferres a lo que caerá mañana ni te dejes arrastrar por la
porfía de este mundo. Es verdad que hace mucho ruido, pero el viento del desierto
suele sacudir con mucha dureza. Trata de no tropezar ni caer, pero deja que sople
y nada más.
¡No importa la zona que ahora atraviesas! Puede ser
cualquiera, más da... Déjala pasando
sobre ella y más allá de ella. Déjala, trascendiendo los infinitos accidentes
de la historia desde la hondura de tu corazón.
Lo “infinito” está hacia adentro, no es extensión ni sabe de
medidas. Sin medida y sin modo, decían antiguos maestros...
Si “dejas”: amanece. Aguarda la Aurora que ya quiebra las
sombras más densas de la noche. Si has aprendido, como las lechuzas, a ver en
la noche oscura: fortalécete en la esperanza, que ya llega la hora.
Alberto E. Justo
martes, 30 de julio de 2013
si aceptas el misterio ya "vas de vuelo"
El “monaquismo interiorizado”...
¡Tantas son las imágenes que la mejor tradición de vida nos entrega y señalan
los caminos mayores y más fecundos!
El monacato del “desierto interior”, una vocación
propiamente eremítica, que consiste inicialmente en el descubrimiento de la “soledad”
real de la persona. Es la conciencia de un estado profundo del alma, del corazón,
del espíritu, que aparece “manifestado” en la vida monástica, sobre todo
solitaria, a través de la historia.
Pero no solamente... Es verdaderamente cierto que el “desasimiento”
abre un horizonte inmenso... No cierra, no, de ninguna manera, al contrario:
abre y eleva.
¿Es posible continuar el camino, ese mismo que trazaron los
sueños y oculto sigue donde no lo vemos?
-Continúas el camino en la misma medida en que lo creas, en
la misma medida en que lo trazas aún cuando no lo veas...
¿Para qué quedar encerrados en esto o en aquello, si ya,
aunque no lo veamos, vamos presto de vuelo?
Alberto E. Justo
domingo, 28 de julio de 2013
llamado de Dios directo
El camino silencioso no sabe
de agitaciones vanas... Porque el corazón recogido tiene ya su morada y ésta no
se perderá jamás. ¿Por qué temer? Pero es verdad que ciertas conductas (a la
moda de hoy o a la de siempre) conmueven y parecen impedir o perjudicar los pasos,
nuestros pasos. Son los gritos y las amenazas... Pero esto es lo propio de los
muy débiles. En efecto, el más débil amenaza porque más no puede...
La labor del peregrino es superar las instancias falsas de
las muchas cosas que oye, de todo cuanto grita, de todo el aparato que precisa
la mentira para alcanzar sus objetivos y desarticulaciones...
Tornar incesantemente al silencio, sabiendo que siempre
estamos donde deseamos estar, aunque el mundo exterior nos quiera convencer de
otra cosa. No son los cercanos, ni los lejanos, los que han de reclamar nuestra
atención. El Señor nos llama, sí, a cada uno, personalmente, directamente. Tengamos
presente, sin olvido, esta palabra del Señor en el Evangelio de San Juan ante
la pregunta de Pedro: -Señor ¿y éste qué? Y la respuesta que ilumina nuestras
horas y congojas: -¿y si yo quiero que se quede hasta mi regreso, qué te
importa? Tú SÍGUEME.
En efecto, TÚ..., tú mismo, no aquel otro...
Alberto E. Justo
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