El Señor nos invita al silencio. Su Pasión fue un ejemplo de silencio, de vida que bulle, escondida y fecunda.
Sigue y no temas perder el bien incomparable que recibes. La vida contemplativa no comporta necesariamente la ausencia de problemas sino la adhesión honda y transformante, que es don de lo alto. Y esto está por encima de todo, de cualquier "alarma", de lo que la fantasía, asustada, vuelca en nuestras jornadas...
Alberto E. Justo
viernes, 17 de octubre de 2014
Lo inaudito
Se ha dicho, se nos invita -por medio de sabias voces- a aceptar lo inaceptable... Veamos, pues, de qué se trata...
El primer paso, que aquí nos interesa, es juzgar acerca de lo que ayuda o no en la vida contemplativa. Padece, el peregrino, innumerables pruebas y sufre grandes contradicciones porque aguardaba "otra cosa". Dios mismo calla (por decirlo de alguna manera) y un silencio angustioso responde a sus reclamos...
¡Claro! Sabemos (lo intentamos) soñar... Pero lo cierto es que ¡tantas veces! los "troncos y las piedras", de las que hablaba San Bernardo, no están. Por ello descendemos al corazón.
Pero más profundamente el altar de la Cruz nos habla de una altura y de una dimensión que no acabamos de descubrir en toda su gloria. El Señor fue "levantado" en la pasión más terrible de la historia humana. Fue víctima de la mayor de las injusticias y Su abandono es misterio que se abre en la Resurrección y en la Vida.
Cuando el peregrino viene por los caminos hacia los suyos y éstos no lo reciben y no lo reconocen y no lo comprenden... ¿se aleja de su vocación contemplativa o vive plenamente en ella? ¿Fue "aceptable" la cruz, según el criterio humano? ¿O lo inaudito abrió las puertas de la Vida, de la Única Vida?
Descubramos en silencio y soledad la presencia de la Resurrección en la misma Cruz, la Luz escondida en el secreto inviolable, en suma, la Luz en la noche... ¡Porque la Aurora está muy cerca, aunque los necios y los torpes claven y planten la Cruz!
Alberto E. Justo
El primer paso, que aquí nos interesa, es juzgar acerca de lo que ayuda o no en la vida contemplativa. Padece, el peregrino, innumerables pruebas y sufre grandes contradicciones porque aguardaba "otra cosa". Dios mismo calla (por decirlo de alguna manera) y un silencio angustioso responde a sus reclamos...
¡Claro! Sabemos (lo intentamos) soñar... Pero lo cierto es que ¡tantas veces! los "troncos y las piedras", de las que hablaba San Bernardo, no están. Por ello descendemos al corazón.
Pero más profundamente el altar de la Cruz nos habla de una altura y de una dimensión que no acabamos de descubrir en toda su gloria. El Señor fue "levantado" en la pasión más terrible de la historia humana. Fue víctima de la mayor de las injusticias y Su abandono es misterio que se abre en la Resurrección y en la Vida.
Cuando el peregrino viene por los caminos hacia los suyos y éstos no lo reciben y no lo reconocen y no lo comprenden... ¿se aleja de su vocación contemplativa o vive plenamente en ella? ¿Fue "aceptable" la cruz, según el criterio humano? ¿O lo inaudito abrió las puertas de la Vida, de la Única Vida?
Descubramos en silencio y soledad la presencia de la Resurrección en la misma Cruz, la Luz escondida en el secreto inviolable, en suma, la Luz en la noche... ¡Porque la Aurora está muy cerca, aunque los necios y los torpes claven y planten la Cruz!
Alberto E. Justo
jueves, 9 de octubre de 2014
Sigue, en el desierto sin confines...
Quizá no tengamos otra expresión... Quizá existan tantas que desconocemos... El "Desierto" está siempre ahí o aquí y siempre más allá. No es necesario hurgar abstracciones o revisar conceptos y otras cosas... El Desierto está y lo trazan nuestros pasos y el deseo ardiente de seguir adelante... Pero no lo podemos definir. Ni lo podemos buscar entre autores o poetas, en los cánticos que resuenan tan lejos o donde sea. Porque el Desierto es como el Silencio.
El Desierto no carece de bosques ni de montañas. Sus oasis no saben de confines: siempre desembocan en un horizonte mayor que se aleja y se acerca, invitándonos a seguir... ¿A seguir? ¿Hacia dónde? Seguimos huellas sublimes que no se doblegan ante ninguna determinación...
El Desierto de nuestra peregrinación está en todas partes o en ninguna de esas que podemos imaginar. El Desierto es profundidad, es esperanza y es libertad.
¡No pretendamos encerrarlo en estructuras de ninguna especie!
Alberto E. Justo
El Desierto no carece de bosques ni de montañas. Sus oasis no saben de confines: siempre desembocan en un horizonte mayor que se aleja y se acerca, invitándonos a seguir... ¿A seguir? ¿Hacia dónde? Seguimos huellas sublimes que no se doblegan ante ninguna determinación...
El Desierto de nuestra peregrinación está en todas partes o en ninguna de esas que podemos imaginar. El Desierto es profundidad, es esperanza y es libertad.
¡No pretendamos encerrarlo en estructuras de ninguna especie!
Alberto E. Justo
miércoles, 8 de octubre de 2014
El misterio del lugar
¿Extrañas o te has "fijado" en un lugar que no olvidas y no quieres dejar? ¡Qué hermosos son esos "rincones", esos "caminos" o sendas, que se abren en paisajes o ciudades, cuya aparente lejanía no puedes aceptar!
Pero has olvidado una noticia que es fundamental y esencial. Eso que tanto aprecias y que ubicas a tu alrededor no está en realidad fuera de ti, en los caminos que recorres, sino que se halla en tu interior. Aquello que tanto quieres no es un conjunto de cosas o lugares, "aquello" está en ti. Ciertamente no te gustara ni llamara tu atención si no estuviera en tu interior... Llevas tu tesoro escondido y los paisajes nada dicen si no son los paisajes del alma... ¿Por qué te conmueven esas montañas y la infinitud del mar? Porque están, antes que nada, en ti, y reconoces sin darte cuenta lo que en realidad llevas en tu corazón.
El peregrino no viaja por esas sendas que cree descubrir. El viaje verdadero es interior. Es un misterio, pero la verdad es que lo mayor, lo más grande, está en ti.
Alberto E. Justo
Pero has olvidado una noticia que es fundamental y esencial. Eso que tanto aprecias y que ubicas a tu alrededor no está en realidad fuera de ti, en los caminos que recorres, sino que se halla en tu interior. Aquello que tanto quieres no es un conjunto de cosas o lugares, "aquello" está en ti. Ciertamente no te gustara ni llamara tu atención si no estuviera en tu interior... Llevas tu tesoro escondido y los paisajes nada dicen si no son los paisajes del alma... ¿Por qué te conmueven esas montañas y la infinitud del mar? Porque están, antes que nada, en ti, y reconoces sin darte cuenta lo que en realidad llevas en tu corazón.
El peregrino no viaja por esas sendas que cree descubrir. El viaje verdadero es interior. Es un misterio, pero la verdad es que lo mayor, lo más grande, está en ti.
Alberto E. Justo
martes, 7 de octubre de 2014
desde lo alto y hacia lo alto
Si mucho te detienes en contemplar los lados del camino o te desvías por esos andurriales... Si tus días quedan absorbidos por "preocupaciones" paralelas... Si pretendes quedarte en los "niveles" periféricos de un "psiquismo irredento"... Así poco lograrás y no llegarás a descubrir el campo y el tesoro en él escondido.
No son los cálculos o los "conceptos" los que te darán lo que buscas. Tu corazón se abre hacia otros derroteros que no sospechas y que serán siempre una dichosa sorpresa...
El espíritu viene de lo alto... No se trata de una deducción ni de una noticia "científica" garantizada por nada.
El espíritu es dado. Es el "fuego" que enciende la mecha de la lámpara. La lámpara de bronce es tu cuerpo, el aceite: tu alma. Pero sin el fuego que enciende la mecha quedas a merced de la sombra. Dicho así en el antiguo Egipto. Aún hoy lo repetimos para recordar, para volver al corazón, para descubrir que la vida viene de lo alto y a lo alto regresa a cada instante, cuando se abre al Misterio.
Vuelve a la trascendencia. La vida está allí, le vida es misterio y nada tiene de cálculo caprichoso. Torna a la Fuente... Y no temas.
Alberto E. Justo
No son los cálculos o los "conceptos" los que te darán lo que buscas. Tu corazón se abre hacia otros derroteros que no sospechas y que serán siempre una dichosa sorpresa...
El espíritu viene de lo alto... No se trata de una deducción ni de una noticia "científica" garantizada por nada.
El espíritu es dado. Es el "fuego" que enciende la mecha de la lámpara. La lámpara de bronce es tu cuerpo, el aceite: tu alma. Pero sin el fuego que enciende la mecha quedas a merced de la sombra. Dicho así en el antiguo Egipto. Aún hoy lo repetimos para recordar, para volver al corazón, para descubrir que la vida viene de lo alto y a lo alto regresa a cada instante, cuando se abre al Misterio.
Vuelve a la trascendencia. La vida está allí, le vida es misterio y nada tiene de cálculo caprichoso. Torna a la Fuente... Y no temas.
Alberto E. Justo
sábado, 4 de octubre de 2014
¿Qué puedo hacer?
Esta pregunta se agolpa con tantas otras en las jornadas de nuestro andar de peregrinos... No es hora de responder esto o aquello, sino de atender, en el corazón, lo que allí habita desde siempre.
Ahora mismo surge lo que aguardábamos sin sospechar nada.
En suma: "¡Alégrate!"... Alégrate una y mil veces aunque nada veas a tu alrededor, aunque todo lo cubra el silencio, aunque el desorden de la hora presente acabe por asustarte...
A pesar de lo que fuere todo está, todo se da, la respiración profunda ni desfallece ni puede desfallecer.
¿Es necesario insistir tanto en que todo lo tienes o todo lo recibes? Es tiempo de verdad y de realidad profunda... Si no hay ruidos ni estrépitos, si nadie garantiza con sellos y documentos: NO IMPORTA. La vida late, el corazón late. Dios regala y ES Presencia.
No temas. Aunque te sientas en soledad, aunque te halles solitario en las sendas de este mundo o de cualquier otro. No, no temas. Nada especial tienes que hacer. Calla y reposa. Recibe con gozo. Allí nace la oración y la vida. Quien ora todo lo tiene. La oración abandonada y sincera, la más simple, es el decoro y respiro de tu vida.
¿Puedes imaginar alguna cosa o plantear una "situación" más profunda o más fecunda? Nada tan hondo como la vida en Dios o la vida de Dios... ¿Qué más decir? Aloja la oración en tu respiro: da todo a Dios cuando expiras y recibe a Dios solo cuando inspiras...
Alberto E. Justo
Ahora mismo surge lo que aguardábamos sin sospechar nada.
En suma: "¡Alégrate!"... Alégrate una y mil veces aunque nada veas a tu alrededor, aunque todo lo cubra el silencio, aunque el desorden de la hora presente acabe por asustarte...
A pesar de lo que fuere todo está, todo se da, la respiración profunda ni desfallece ni puede desfallecer.
¿Es necesario insistir tanto en que todo lo tienes o todo lo recibes? Es tiempo de verdad y de realidad profunda... Si no hay ruidos ni estrépitos, si nadie garantiza con sellos y documentos: NO IMPORTA. La vida late, el corazón late. Dios regala y ES Presencia.
No temas. Aunque te sientas en soledad, aunque te halles solitario en las sendas de este mundo o de cualquier otro. No, no temas. Nada especial tienes que hacer. Calla y reposa. Recibe con gozo. Allí nace la oración y la vida. Quien ora todo lo tiene. La oración abandonada y sincera, la más simple, es el decoro y respiro de tu vida.
¿Puedes imaginar alguna cosa o plantear una "situación" más profunda o más fecunda? Nada tan hondo como la vida en Dios o la vida de Dios... ¿Qué más decir? Aloja la oración en tu respiro: da todo a Dios cuando expiras y recibe a Dios solo cuando inspiras...
Alberto E. Justo
jueves, 2 de octubre de 2014
¡Eleva tus ojos, levanta la mirada!
Es grande la tentación de fijarse en los lados y tornarse curiosamente hacia los sonidos y colores que bordean el camino. Y es grande, también, la fuerza que a veces tienen esas figuras indeseables que atraen y pretenden nuestra atención...
El contemplativo ha de optar decididamente por el "azul del cielo", más allá de los reclamos y de las modas... Lo que es, "es", y lo que no es: "no es". Es hora de batir alas y volar, más allá, que es, siempre, "más aquí".
Poco importan los dolores, los dolores de cabeza y las molestias, cuando la "altura" nos redime y abre una perspectiva nueva. Es la hora y la hora de la paz aunque parezca que hay guerra... ¿Es "real" la guerra? En gran parte depende de nosotros si sabemos encontrar el silencio escondido tras rumores y otras cosas. Porque así como el cielo despejado está sobre las nubes, así el silencio y el secreto están presentes en el corazón, en el reino del espíritu, en la realidad profunda.
Es un ejercicio digno de llevarse a cabo. Vale la pena intentar. Es una respiración nueva..., y esta respiración es el ámbito adecuado de nuestra vida que, incesantemente, recibimos de Dios.
No se descorazone el peregrino...
Alberto E. Justo
El contemplativo ha de optar decididamente por el "azul del cielo", más allá de los reclamos y de las modas... Lo que es, "es", y lo que no es: "no es". Es hora de batir alas y volar, más allá, que es, siempre, "más aquí".
Poco importan los dolores, los dolores de cabeza y las molestias, cuando la "altura" nos redime y abre una perspectiva nueva. Es la hora y la hora de la paz aunque parezca que hay guerra... ¿Es "real" la guerra? En gran parte depende de nosotros si sabemos encontrar el silencio escondido tras rumores y otras cosas. Porque así como el cielo despejado está sobre las nubes, así el silencio y el secreto están presentes en el corazón, en el reino del espíritu, en la realidad profunda.
Es un ejercicio digno de llevarse a cabo. Vale la pena intentar. Es una respiración nueva..., y esta respiración es el ámbito adecuado de nuestra vida que, incesantemente, recibimos de Dios.
No se descorazone el peregrino...
Alberto E. Justo
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