domingo, 25 de septiembre de 2016

siempre en el desierto

En el desierto, en el corazón. ¡Hallar esos parajes siempre desconocidos y nuevos, siempre más luminosos y escondidos! Horas de silencio, de paz... A pesar de pruebas y dolores...
No, no todo acaba... Por el contrario, el desierto es siempre ocasión y aurora. A pesar de las tormentas, a pesar de los sinsabores.
Seguimos de camino en un claustro que se abre en el cielo. La alegría late en el centro, cuando no nos quedamos fijos en los lados opuestos, cuando tenemos el coraje de discernir. Quizá la respuesta parezca osada. ¡Bravo: ya es hora de respuestas atrevidas, de aquellas que brotan de la meditación y de la plegaria!
No hay tormentas que nos detengan. Hemos hallado el silencio del corazón.

Alberto E. Justo


domingo, 18 de septiembre de 2016

La luz permanece, cada vez mayor...

Es hora de gozar la Presencia... A cada instante es más profunda e inmediata en razón de la Bondad y Misericordia divinas. Dios no calla en el corazón de sus hijos, su Presencia (siempre inefable) arrebata y eleva más allá de lo imaginable.
No es necesario esto o aquello. Sólo interesa la Fe que ilumina y nos dice, a cada paso, cuál es la verdad y dónde está la vida.
Que nuestra oración sea, pues, la suma y renovada atención a la realidad que nos transforma.
Nada hay más bello que el jardín de un claustro escondido, en el monasterio de silencio de nuestro interior. El silencio es lenguaje de vida y aurora; el silencio enciende, de nuevo, lo que ayer, por nuestro torpeza, se apagó. Hoy, nuevamente, en la inmediatez inefable, se apodera de lo más íntimo y lo expresa sin más, a su modo.
El regalo de la gracia resplandece siempre y vuelve a resplandecer, sobre todo cuando nos damos cuenta de que no es ficción ni ilusión de ningún género.
El camino es apertura dichosa, no se estrecha nunca, sino que se abre a pesar de dudas y escrúpulos sin sentido. Cada uno, cada peregrino, lleva su secreto y la hondura de su vida, más allá de curiosidades u opiniones antojadizas. Aunque dudes, en el Señor no existe la duda. No temas, que en el silencio se aprende a discernir con acierto y en verdad.

Alberto E. Justo


martes, 13 de septiembre de 2016

A pesar de los límites...

En efecto, con tu propósito estás más allá. Pareciera -tantas veces- que callan voces que aguardábamos, o que un vacío incomprensible nos abraza, en un silencio que no alcanzamos nunca a imaginar...
Sin embargo, allí donde nada se manifiesta ahora, muy pronto resplandecerá todo.
Quizá si aguardas con paciencia y con confianza, con verdadero abandono, descubrirás o redescubrirás los mayores secretos. La luz no es avara: brilla "sin por-qué", no tiene pretensiones ni fantasías.
Confía pues aunque no distingas lo que aguardabas.
 La oración es sencilla, simple y directa. No tienes que introducirte sino dejar que llegue, dejar que Dios venga y te levante en su presencia. Abre tu corazón y no busques fuera lo que tienes dentro. No olvides esto que es tan simple. Es el Señor quien te llama y quien viene y llega, o, mejor: quien ya está. No es posible decirlo, pero puedes -desde luego- hallar en Él tu única Morada.

Alberto E. Justo


viernes, 9 de septiembre de 2016

Una vez más: No temas

¿Piensas ahora en los panoramas que enfrentas o que dejas atrás? Es posible que la fantasía o la memoria insistan en atraparte en las vueltas de tu camino... Pero esos "panoramas" los generas tú mismo cuando huyes prevenido de las instancias que nos rodean... Son "pura materia", semejan el grito sin más y sin eco, sin proyección, sin sentido. Las amenazas son una suerte de deuda, un reclamo del viejo pecado, pero carecen de realidad...
Tú, en cambio, ve siempre más allá, trasciende sin fatiga y con fe... Abandónate a la Fe que es el don que ahora recibes...
¡Señor, adónde te escondiste! O pregunta a las situaciones incomprensibles, como María Magdalena, ¿dónde lo habéis escondido? Y quizá no caigas en la cuenta de que a Él mismo le preguntas, porque lo has tomado por el jardinero. Así, día tras día, sigues escapando de la respuesta luminosa... Hasta que en un instante de silencio luminoso Él mismo te llama, pronuncia tu nombre, ese mismo que sólo conoce el que lo recibe y acepta...
Él viene, ya está aquí, siempre estuvo aquí. En suma: parece que no aceptas lo más preciado que te da vida. Nada ni nadie puede separarte del Amor de Dios...

Alberto E. Justo

domingo, 21 de agosto de 2016

Consideraciones pequeñas

Porque aquello que es mayor y más alto se manifiesta en lo pequeño... Es silencio y quietud contemplativa, y no necesita agitarse, ni apurarse por nada... 
Sí, nuestro entusiasmo puede pedirnos esto o lo de más allá, pero lo que nos interesa, en profundidad y fecundidad, es más alto que las medidas que nosotros inventamos. Y lo más alto es lo más pequeño, como un niño es el mayor en el Reino de los cielos.

Alberto E. Justo


sábado, 20 de agosto de 2016

¿Quién soy?

Pregunta que siempre asombra... Pero la respuesta resulta -a veces- muy rebelde en las horas que corren en estos momentos de la historia...
Más allá de los "lugares comunes" hemos de tentar siempre una suerte de indagación, adentrándonos y aventurándonos en parajes profundos y no tan explorados...
¿Somos "eso" que nos dicen? Desde luego que no, porque el "secreto" que nos distingue no está expuesto en ninguna parte y nadie puede atreverse a violarlo.
Nadie es "objeto" de exposición. Cada uno es algo así como un "tesoro" de Dios, que Dios vela y cela, más hondo que todas las suposiciones y que todas las "ideologías" de moda o no.
¡Es grande el misterio del hombre! Por ello sigamos el camino que nos conduce a lo alto...
"Al que venciere le daré del maná escondido y le daré también una piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo, que nadie conoce sino el que lo recibe." (Apoc. 2, 17).

Alberto E. Justo

viernes, 19 de agosto de 2016

Vida verdadera...

¿Porqué repetimos los viejos pasos si el camino ya está trazado y hasta recorrido? La Morada del Corazón de Dios es la nuestra y nos regala una evidencia: de alguna manera estamos siempre en casa... Sí, esto es así aunque pasemos por terribles desfiladeros y se perciban esas "amenazas" que no alcanzan su objeto...
Las agresiones pueden ser muchas. El Señor las ha padecido a todas y nos exhorta a no temer.
¿Es éste un consuelo? No, es la verdad. Nadie nos dice nada para amortiguar golpes o endulzar caminos ásperos... Lo que sabemos es que Él es: el Camino, y la Verdad y la Vida.

Alberto E. Justo