¡Qué grande es el horizonte en el alma! Las pruebas, esas "fuentes" con las que tropezamos y nos dan un buen baño a cada trecho, tienen el sabor de la bendición... El sabor de una novedad muy rica y profunda, que nunca debe atemorizar. Somos peregrinos de los cielos. Podrán apresar nuestro cuerpo, pero nunca nuestra alma. Así resuena este soplo de libertad que se genera en el corazón y empuja a descubrir y a seguir siempre más allá.
Confianza en Aquél que nos conforta. Una y otra vez: INSISTIR. El hombre vuelve y vuelve, elevándose más, cada vez. Como las oraciones breves, como las aspiraciones en nuestro interior, vuelven y tornan y raptan y levantan, porque el Espíritu Santo es ahora Fuego que desciende de lo alto y enciende y se lleva consigo a quien reposa en el altar de su corazón.
Que nuestra oración, en esta fiesta e la Exaltación de la Santa Cruz, se eleve con la misma plegaria del Señor, entregando todo al Padre en el Espíritu de Amor.
Alberto E. Justo
lunes, 14 de septiembre de 2009
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Misterio y Cruz
Cabe una pequeña reflexión... Muchos son los que persiguen un mayor tesoro o, simplemente, el camino adecuado, en peregrinaciones y en determinados lugares. Otros siguen largos aprendizajes, o cursos especializados, en procura de la idoneidad necesaria en cualquier camino espiritual. ¿Lugares, tiempos...? Sin duda todo es interesante y recomendable, según la vocación de cada uno... Yo deseo subrayar aquí un lugar y un tiempo, un particular "santuario" que dispone y enseña y abre a una experiencia única... Me refiero al "sufrimiento". Y, claro está, no al "sufrimiento" así no más en "abstracto". Trato de señalar a éste o a aquél. A éste o a aquél padecer en el misterio y tantas veces en el silencio, escondido a cualquier medida, peso o valoración humana. Es la dimensión insospechada: el valor de esos pasos dolorosos que abren una perspectiva y nos introducen en un ámbito que no sospechábamos ayer. Es el Camino del Señor que transforma y transfigura. Es Su Camino, es Su Noche. ¿Podemos velar con Él, al menos, una hora? Es esta una vocación y un sentido. Un sentido bien profundo. Es algo que da una profundidad inigualable a la vida. Una escala que lleva muy alto... Pero que no hemos de buscar a propósito y por sí misma. Sólo cabe recibirla y ascender humildemente y en silencio por sus peldaños, porque su mayor riqueza es que sólo la conoce Dios. Nunca haya desesperación ni se caiga en el engaño de ninguna ilusión... Aquí se trata de seguir, en silencio, al Señor. Aquí se trata, también -¡cómo no!- de mucho más. Estar en Él; ser, por gracia, lo que Él es...
Déjate introducir en ese misterio de la vida divina que se dona y que nace en tu corazón...
Alberto E. Justo
Déjate introducir en ese misterio de la vida divina que se dona y que nace en tu corazón...
Alberto E. Justo
martes, 8 de septiembre de 2009
Silencio y Espíritu
El descubrimiento del silencio, más allá de todo lo exterior, comporta una lucha y la adquisición de un hábito. Los fantasmas que se desencadenan a nuestros pasos pretenden declarar imposible la superación de las circunstancias, fáciles o difíciles, para nuestro fin. Ahora bien, la convicción de la dimensión sin medida de lo escondido, la certeza de lo que es, es decir del "contenido" profundo, de la profundidad de todas las cosas, del "sentido" que poseen y de que lo no-manifestado es siempre mayor, es ya una ayuda importante para abrir un paso "a través" y aproximarnos al misterio y a la trascendencia. Memoria de lo secreto. Certeza de la Presencia. Aceptación de que lo mayor prefiera celarse... Gusto y alegría en trabajar en la aventura de descubrir... Todo ello es una invitación para dar con lo no sospechado, para alcanzar lo que nos supera: "que ni ojo vio, ni oído oyó..." La atención a esta dimensión que poco a poco se abre y se proyecta en nuestra peregrinación nos coloca en un camino siempre más alto y más empinado.
La plegaria es , en esta aventura maravillosa, la respiración nuestra. La oración nos revela la Presencia y cuál es el mejor camino, el más corto, para esa unión inefable que no podremos expresar jamás.
En Él, con Él... El Espíritu ora en nosotros, y nos regala su respiro. Participando de Él, viviendo de Él, entraremos en el silencio inefable que supera toda imaginación y todo deseo.
Alberto E. Justo
La plegaria es , en esta aventura maravillosa, la respiración nuestra. La oración nos revela la Presencia y cuál es el mejor camino, el más corto, para esa unión inefable que no podremos expresar jamás.
En Él, con Él... El Espíritu ora en nosotros, y nos regala su respiro. Participando de Él, viviendo de Él, entraremos en el silencio inefable que supera toda imaginación y todo deseo.
Alberto E. Justo
domingo, 6 de septiembre de 2009
Apertura escondida
A pesar de cualquier distancia, el espíritu salta por encima de de todo límite y nos lleva adonde nuestro corazón prefiere. Redescubrir el desierto y la oración profunda comporta trascender, a cada paso, las fronteras que se levantan y que parece que obligan a no volar... Volviendo al corazón descubrimos esa "apertura" escondida que no se deja conquistar al primer intento. El cielo está abierto y no lo advertimos... Es hora de descender al corazón para conquistar esas alturas insospechadas que tanto ansía el alma... Es la ocasión, como siempre aquí y ahora
Alberto E. Justo
Alberto E. Justo
jueves, 3 de septiembre de 2009
Padre Nuestro...
Asómbrate... El Señor llega. Permanece en silencio y en paz. ¿Por qué temer? No es tan grande el "poder" en este mundo que siempre tenga que despertar "temores" y producir "sustos". Nada de eso. La sencillez del niño, la vocación del más pequeño, es la mejor invitación a la grandeza y a la gloria. ¿No queremos entenderlo? ¿No acabamos de aceptarlo? Y sin embargo el tesoro está allí. El pequeño, este pequeño, siempre tiene Padre. Ven al Padre, déjate levantar en sus brazos, en su amor infinito. ¿Dónde hallar la comprensión y el afecto que siempre se echan de menos? No perdamos tiempo y entusiasmo con mediaciones o problematizaciones. El camino que se nos señala es directo. Directo y simple. Redescubramos esa dichosa intimidad que se nos regala y demos siempre el testimonio de la alegría que brota del corazón sin ficciones.
Alberto E. Justo
Alberto E. Justo
Vendremos y haremos en él morada
En el "fondo" nada hay violento... Descender a lo hondo del corazón es el camino de la paz... Todo es ahora. El Señor no nos llama "para mañana", nos llama para hoy: ¡YA! Así es. La aspiración del alma consiste en "dejarse aspirar". La ternura de Dios no conoce interrupciones. A cada instante. Esta es la ocasión propicia. Y si percibimos silencio y vacío; si parece que nos envuelve la soledad, no dudemos en absoluto, no nos detengamos en nuestro abandono y en nuestra confianza. El silencio nos enseña a pasar más allá o a descubrir esa intimidad siempre nueva, que es la del "fondo del alma", "lugar" de sólo Dios. El Padre no deja de llamarnos... Y nos llama viniendo. No se trata de una "voz" lejana, allá, como un eco en las montañas. Es Él mismo aquí y ahora, de un modo, desde luego, inefable. Y no diremos más.
Alberto E. Justo
Alberto E. Justo
miércoles, 2 de septiembre de 2009
En un solo instante
Nada más inmediato y posible que la adhesión profunda del corazón. En un solo instante puedes salir de los estrechos límites que te ahogan para hallarte bajo el cielo abierto y azul, más arriba y en el destino más insospechado. Quiérelo con toda el alma, acepta la invitación y la vocación de Dios, acogiendo su gracia y, ante todo, disponiéndote para recibirlo a Él mismo... Es un instante, es el instante, ese presente único, que se te brinda y que acogerás con entera confianza. Quien confía es, al mismo tiempo, generoso. No hay generosidad sin confianza. Y quien se arroja de esta manera cae siempre en el Corazón de Dios. Muchos se detienen y por eso no llegan jamás. Se detienen en esas "burocracias" que multiplica la "inseguridad" humana, del brazo de escrúpulos que el enemigo favorece para cortar y romper. Es ese que siempre dice que "no". Dios, en cambio, te invita y Él mismo te levanta y te lleva. No temas el desierto. Deja consideraciones y dependencias sin sentido. Tu corazón ha de latir en libertad para Dios. Aquí y ahora.
Alberto E. Justo
Alberto E. Justo
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