Siempre pretendemos "formularlo" mejor, pero el secreto no halla expresión adecuada... ¿Para qué? La carencia de "sistemas" es una buena noticia para abandonarnos a una suerte de silencio creador... Dejemos que advenga en el corazón esa novedad permanente que es nacimiento y aurora. No pretendamos ningún título ni habilidad especial. No hay normas sino "regalos" de Dios.
Déjate mirar y contemplar, que en esos ojos que te ven tu mismo ves...
Alberto E. Justo
lunes, 24 de septiembre de 2012
domingo, 23 de septiembre de 2012
la confianza en el "lugar verdadero"
En efecto, no siempre nos hallamos en los lugares que suponemos... Haciendo camino nos damos cuenta de que vamos más allá de nuestro pasos, que nuestras "rutas" se suceden no unas después de otras sino en distintos niveles... Quiero decir que, sin advertirlo mucho, trascendemos nuestras "situaciones" y, tantas veces, en un instante, pasamos más allá...
No cabe definir qué cosa es ese... "más allá". Nuestra vida es un incesante regalo. Sólo Uno labra en verdad la realidad, lo profundo. Pero no como quien talla por que sí una estatua ni su destino, sino como quien se empeña y compromete (por decirlo de algún modo) en la obra que nunca puede serle extraña o ajena. Porque nuestra vida le es "propia" (también por decirlo de alguna manera).
Superar el "lugar" aparente despegándose de toda apariencia... Sabernos siempre más allá de sueños o de ilusiones, más allá de mil cosas. La clave es no identificarse con ellas, estar -como decía el Maestro Eckhart- no en ellas sino cabe ellas.
La persona no puede ser sometida o esclavizada por ninguna instancia, siempre estará más allá, aún de lo que más cree amar.
El "lugar verdadero" es secreto, como aquella habitación secreta de la que habla Nuestro Señor, cuando nos dice de orar en lo secreto. ¿Somos capaces de vivir el "secreto", ese mismo que se renueva, aparece y desaparece de mil modos, pues es don que nos trasciende?
Desafío de la oración y del silencio, desafío de la Realidad. ¡Alabado sea Dios!
Alberto E. Justo
No cabe definir qué cosa es ese... "más allá". Nuestra vida es un incesante regalo. Sólo Uno labra en verdad la realidad, lo profundo. Pero no como quien talla por que sí una estatua ni su destino, sino como quien se empeña y compromete (por decirlo de algún modo) en la obra que nunca puede serle extraña o ajena. Porque nuestra vida le es "propia" (también por decirlo de alguna manera).
Superar el "lugar" aparente despegándose de toda apariencia... Sabernos siempre más allá de sueños o de ilusiones, más allá de mil cosas. La clave es no identificarse con ellas, estar -como decía el Maestro Eckhart- no en ellas sino cabe ellas.
La persona no puede ser sometida o esclavizada por ninguna instancia, siempre estará más allá, aún de lo que más cree amar.
El "lugar verdadero" es secreto, como aquella habitación secreta de la que habla Nuestro Señor, cuando nos dice de orar en lo secreto. ¿Somos capaces de vivir el "secreto", ese mismo que se renueva, aparece y desaparece de mil modos, pues es don que nos trasciende?
Desafío de la oración y del silencio, desafío de la Realidad. ¡Alabado sea Dios!
Alberto E. Justo
siempre renovados en la esperanza
Después de ¡tantos días! seguimos meditando en el corazón y descendiendo en los parajes escondidos del paisaje de Dios. Más presente que nunca, más actual que siempre, más "ahora", rechazando toda duda y dejando todo reparo en luminoso y fecundo abandono.
Cuando el Señor nos lleva en Su camino, cuando todo es ahora... ¿qué podemos temer? Descubramos en silencio y esperanza ese YA! luminoso que nos levanta en las rutas del Desierto...
Alberto E. Justo
Cuando el Señor nos lleva en Su camino, cuando todo es ahora... ¿qué podemos temer? Descubramos en silencio y esperanza ese YA! luminoso que nos levanta en las rutas del Desierto...
Alberto E. Justo
miércoles, 16 de mayo de 2012
En medio de la noche...
Cuando nos parece ver menos...
Los caminos de este día son penosos. ¡Cuánto deseamos aquel paraje silencioso y amable!
Pero hay, por las sendas de este mundo, no sé qué fieras de material desconocido, que no se sacian fácilmente. Son los terribles gigantes de la raza de Goliat que devoran para estructurar, limitar y someter, para modelar figuras a su gusto y servicio.
Son como el gigantesco pez... Siempre pronto y dispuesto a engullir. Pero, lo sabemos, no es tan poderoso como parece y se presenta. A pesar de su antojo de triturar a los viandantes y someterlos en su estómago, téngase la confianza y la certeza que desde allí o allí mismo adviene la resurrección y la vida nueva que nadie puede quitar. Ni siquiera los que se consideran poseedores de toda verdad... Tampoco pueden los que esgrimen argumentos o levantan pretensiones... Eso, todo eso, es la noche... Ah, noche...
La estructura y el programa, el proyecto y la asamblea, tienen perfil de pez alado de duro metal. Ascienden, se levantan, asustan... y ya no pueden más. Necesitan del ruido y de esa oscuridad, que nada tiene que ver con la amable noche de la plegaria, sino del ansia y de un movimiento tempestuoso.
La tormenta, sin embargo, puede ser ocasión de maravilloso aprendizaje. Es verdad que Goliat duele o asusta, pero una pequeña piedra (¡¿la piedrcita blanca?!) brindará la victoria y el gozo de la paz...
En la noche también corre el río y brota en la purísima Fuente que NO SE VE.
¡Abre los ojos, lechuza contemplativa, y en el silencio de la noche asistirás a la Aurora que no conoce ocaso!
Alberto E. Justo
Los caminos de este día son penosos. ¡Cuánto deseamos aquel paraje silencioso y amable!
Pero hay, por las sendas de este mundo, no sé qué fieras de material desconocido, que no se sacian fácilmente. Son los terribles gigantes de la raza de Goliat que devoran para estructurar, limitar y someter, para modelar figuras a su gusto y servicio.
Son como el gigantesco pez... Siempre pronto y dispuesto a engullir. Pero, lo sabemos, no es tan poderoso como parece y se presenta. A pesar de su antojo de triturar a los viandantes y someterlos en su estómago, téngase la confianza y la certeza que desde allí o allí mismo adviene la resurrección y la vida nueva que nadie puede quitar. Ni siquiera los que se consideran poseedores de toda verdad... Tampoco pueden los que esgrimen argumentos o levantan pretensiones... Eso, todo eso, es la noche... Ah, noche...
La estructura y el programa, el proyecto y la asamblea, tienen perfil de pez alado de duro metal. Ascienden, se levantan, asustan... y ya no pueden más. Necesitan del ruido y de esa oscuridad, que nada tiene que ver con la amable noche de la plegaria, sino del ansia y de un movimiento tempestuoso.
La tormenta, sin embargo, puede ser ocasión de maravilloso aprendizaje. Es verdad que Goliat duele o asusta, pero una pequeña piedra (¡¿la piedrcita blanca?!) brindará la victoria y el gozo de la paz...
En la noche también corre el río y brota en la purísima Fuente que NO SE VE.
¡Abre los ojos, lechuza contemplativa, y en el silencio de la noche asistirás a la Aurora que no conoce ocaso!
Alberto E. Justo
martes, 15 de mayo de 2012
Esta Flor brota nueva cada vez...
Una condición nueva y más alta... El desierto parece no saber de flores... El desierto evoca la aridez (al menos para algunos). Pero el desierto es límpido y abierto como el mar. Y como no tiene determinaciones forzosas es capaz de tornarse fértil y abrir todas las flores...
Por eso ¡tantas cosas aparecen en el desierto! Entonces ¿es posible que todas ellas se conviertan en impedimentos para lo esencial? ¿No dicen los maestros espirituales que no caben dos en el mismo sujeto y que es necesario vaciarse para acoger la presencia de Dios?
Leamos con sencillez... Muchas, son muchas las melodías que resuenan en nuestros oídos y todas ellas, como poesía, permanecen en nuestro interior... ¿Las haremos callar? Dicho de otra manera: ¿podemos, así no más, silenciarlas? ¿Cuándo son verdaderos impedimentos que no dejan abrirse al alma?
Entrega lo que tienes, es decir CONSÁGRALO ofreciéndolo... Nunca destruyas, consagra todo a Dios. Tienes en tu espíritu la virtud de la transparencia, de hacer todo transparente. Atraviesa la flor, atraviesa el paisaje, ve más allá de ese templo y déjate levantar por sobre él... Deja que el desierto se transforme y florezca. Tú eres eso. En ti está el sentido que buscas por todos lados. Ve por los bosques y las montañas, ¿no se ha hablado del "Mar" de la Deidad? Sumérgete entonces, y -sobre todo- no temas.
El Señor también te invita a velar con Él en el Huerto: con Él y en Él.
Dios está presente en modo inefable... ¡Descúbrelo!
Alberto E. Justo
Por eso ¡tantas cosas aparecen en el desierto! Entonces ¿es posible que todas ellas se conviertan en impedimentos para lo esencial? ¿No dicen los maestros espirituales que no caben dos en el mismo sujeto y que es necesario vaciarse para acoger la presencia de Dios?
Leamos con sencillez... Muchas, son muchas las melodías que resuenan en nuestros oídos y todas ellas, como poesía, permanecen en nuestro interior... ¿Las haremos callar? Dicho de otra manera: ¿podemos, así no más, silenciarlas? ¿Cuándo son verdaderos impedimentos que no dejan abrirse al alma?
Entrega lo que tienes, es decir CONSÁGRALO ofreciéndolo... Nunca destruyas, consagra todo a Dios. Tienes en tu espíritu la virtud de la transparencia, de hacer todo transparente. Atraviesa la flor, atraviesa el paisaje, ve más allá de ese templo y déjate levantar por sobre él... Deja que el desierto se transforme y florezca. Tú eres eso. En ti está el sentido que buscas por todos lados. Ve por los bosques y las montañas, ¿no se ha hablado del "Mar" de la Deidad? Sumérgete entonces, y -sobre todo- no temas.
El Señor también te invita a velar con Él en el Huerto: con Él y en Él.
Dios está presente en modo inefable... ¡Descúbrelo!
Alberto E. Justo
lunes, 14 de mayo de 2012
Pero...¿no tendré dificultades?
Rápidamente podemos decir que es lo "normal". En efecto, esa contrariedad indefinible que choca una y otra vez, reduciéndonos o deteniéndonos no sé dónde...
Y sin embargo es infinitamente aprovechable.
Primera respuesta nuestra, y a ejercitarse en ella con esta pregunta: -¿En qué y cómo puede esto servirme o favorecer mi vida espiritual?
Pongamos por caso que suena el timbre del teléfono o el de la calle. Es necesario entonces no precipitarse en ningún sentido, sino tomar conciencia de que suena esa campanilla (molesta o no) y nada más. Hay una saludable distancia que puede fructificar en una congrua preparación para evitar la sorpresa... Llama el teléfono, pero no tiene tanta importancia. Puede aguardar un tanto... lo que sea. Hay cosas mayores y no tengo por qué pensar en ningún problema. Claro que evitando el apresuramiento alejo el volumen de una posible alternativa antipática o dañina...
Esa solicitud mecánica no tiene inicialmente ningún rostro. No es cuestión de atribuirle gratuitamente ninguno. Y, si en cambio tuviera una feroz máscara, de aquellas que siembran pavor o amenazan infortunios, una vez más: siempre hay algo mayor que oponer a esa desgracia y que acabará por vencerla. Como el águila volemos alto y contemplemos desde arriba. Es para nuestro bien y para el bien de todos. Es preciso ir más allá siempre... No pertenezco a las rabias de los ansiosos... Las cuestiones son muy pequeñas. ¡Ah, paradoja! por eso dañan tanto.
El sufrimiento que aprieta nos empuja hacia arriba cuando, en efecto, hemos aprendido a sonreír. ¡Y a compadecer!
Para ello es preciso desprenderse, soltar amarras y no pretender poderes, que eso es totalmente necio...
Deja que el agua corra en paz y presta atención a su melodía. Acepta lo más bello y descubre en tu alma todos los secretos. No te conmoviera jamás esa pieza maestra de música si no la llevaras, si no la tuvieras tú mismo en tu interior.
Y no te apabullen las circunstancias. Si en conciencia te toca defenderte... ¡defiéndete! Si es lo propio: resiste. Y nada más. Porque el Señor quiere participarte Su Gozo.Vive pues en Él, tú que de Él todo lo esperas...
Alberto E. Justo
Y sin embargo es infinitamente aprovechable.
Primera respuesta nuestra, y a ejercitarse en ella con esta pregunta: -¿En qué y cómo puede esto servirme o favorecer mi vida espiritual?
Pongamos por caso que suena el timbre del teléfono o el de la calle. Es necesario entonces no precipitarse en ningún sentido, sino tomar conciencia de que suena esa campanilla (molesta o no) y nada más. Hay una saludable distancia que puede fructificar en una congrua preparación para evitar la sorpresa... Llama el teléfono, pero no tiene tanta importancia. Puede aguardar un tanto... lo que sea. Hay cosas mayores y no tengo por qué pensar en ningún problema. Claro que evitando el apresuramiento alejo el volumen de una posible alternativa antipática o dañina...
Esa solicitud mecánica no tiene inicialmente ningún rostro. No es cuestión de atribuirle gratuitamente ninguno. Y, si en cambio tuviera una feroz máscara, de aquellas que siembran pavor o amenazan infortunios, una vez más: siempre hay algo mayor que oponer a esa desgracia y que acabará por vencerla. Como el águila volemos alto y contemplemos desde arriba. Es para nuestro bien y para el bien de todos. Es preciso ir más allá siempre... No pertenezco a las rabias de los ansiosos... Las cuestiones son muy pequeñas. ¡Ah, paradoja! por eso dañan tanto.
El sufrimiento que aprieta nos empuja hacia arriba cuando, en efecto, hemos aprendido a sonreír. ¡Y a compadecer!
Para ello es preciso desprenderse, soltar amarras y no pretender poderes, que eso es totalmente necio...
Deja que el agua corra en paz y presta atención a su melodía. Acepta lo más bello y descubre en tu alma todos los secretos. No te conmoviera jamás esa pieza maestra de música si no la llevaras, si no la tuvieras tú mismo en tu interior.
Y no te apabullen las circunstancias. Si en conciencia te toca defenderte... ¡defiéndete! Si es lo propio: resiste. Y nada más. Porque el Señor quiere participarte Su Gozo.Vive pues en Él, tú que de Él todo lo esperas...
Alberto E. Justo
domingo, 13 de mayo de 2012
¿Cuál es nuestro camino?
Interesante pregunta, porque todos quisiéramos pertenecer a esto o a aquello... ¿Quién no busca sus "banderas" o muestra diplomas o esgrime "dependencias"? Y es cierto que en un nivel esto es propio y nos sabemos miembros de esto o de aquello.
Pero aquí intentamos señalar el horizonte más profundo (y también más real) que atañe al "secreto" que el alma tiene con Dios y que no puede traducirse en clasificaciones de ninguna especie.
¿Hemos hecho alguna vez la prueba de dejarnos "mirar" por un icono santo? Lo primero, lo más real, es esta "mirada" de Dios en nuestro corazón. Y es más de lo que pueda decirse o imaginarse porque, precisamente, "brotamos" de esa inefable Mirada...
Y esto es lo primero y lo que constituye fundamentalmente nuestra oración: digámoslo por ahora solamente así: -Alguien nos ve. Y nuestra vida está en esa misma fuente.
Y queda claro para nosotros que es mirada de Amor Infinito, no como lo suponemos. No hay allí distinciones. Hay una Presencia que hace nuestra vida.
Gocemos en Ella... El camino sólo puede brotar y constituirse en esa intimidad sin nombre. Pero que, precisamente, porque no tiene nombre es la más real y verdadera.
Alberto E. Justo
Pero aquí intentamos señalar el horizonte más profundo (y también más real) que atañe al "secreto" que el alma tiene con Dios y que no puede traducirse en clasificaciones de ninguna especie.
¿Hemos hecho alguna vez la prueba de dejarnos "mirar" por un icono santo? Lo primero, lo más real, es esta "mirada" de Dios en nuestro corazón. Y es más de lo que pueda decirse o imaginarse porque, precisamente, "brotamos" de esa inefable Mirada...
Y esto es lo primero y lo que constituye fundamentalmente nuestra oración: digámoslo por ahora solamente así: -Alguien nos ve. Y nuestra vida está en esa misma fuente.
Y queda claro para nosotros que es mirada de Amor Infinito, no como lo suponemos. No hay allí distinciones. Hay una Presencia que hace nuestra vida.
Gocemos en Ella... El camino sólo puede brotar y constituirse en esa intimidad sin nombre. Pero que, precisamente, porque no tiene nombre es la más real y verdadera.
Alberto E. Justo
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