lunes, 9 de noviembre de 2009

Redescubrir, todos los días...

Siempre es grato insistir acerca de lo más bello, digámoslo así... El descenso al corazón, a la ermita interior, comporta el desasimiento que nos eleva, que nos lleva a morar en el mismo Corazón de Dios. Es que, saliendo de las sombras, que parecen abrumarnos y encerrarnos, liberados de las ataduras o de las cosas en las que nos introducíamos, descubrimos inmediatamente esa Presencia inefable que de "modo sin modo" se nos revela como el Único, Aquél que es nuestra Vida, y que nos llama, y que nos da ese "nombre nuevo que nadie conoce sino el que lo recibe."
Es necesario que prestemos entera fe a la Bondad de Dios y a su Misericordia. Nada hay de mezquino en las sendas de la Gracia. ¿Está habituado nuestro corazón a la "generosidad" divina?
Meditemos, con quietud, en ese Desierto Interior. Una y otra vez acogiendo sin reservas, sin condiciones, sin temores, sin reparos... Sí, ha de ser así, sin exigir explicaciones, ni estatutos, ni certificados, ni un más y ni un menos... Así como recibimos la Vida y nos gozamos en el Misterio...
Volvamos incesantemente a lo que es y a lo que somos. ¡Tanto nos habla el Silencio! ¡¡Esa Mirada de Dios!!

Alberto E. Justo

domingo, 8 de noviembre de 2009

Silencio-Soledad-Libertad

El horizonte abierto comporta la transparencia. Se trata del "desasimiento" liberador que nadie arrebata... Desasimiento que es, también, "abandono" y "dejamiento". Soledad, silencio y libertad: en todos los instantes, siempre. La Presencia es liberadora, redentora y divinizadora según gracia... No hemos de intentar ninguna explicación ni circunscripción...

Alberto E. Justo

miércoles, 4 de noviembre de 2009

volver, sin cesar

Las apariencias... A pesar de cuanto exteriormente pueda agobiarnos, la vida profunda se cumple en nuestro interior. En un instante todo puede comenzar, como una aurora, renovándose por gracia de Dios... Volvamos incesantemente a casa, a nuestro claustro interior -que nadie puede demoler- a ese santuario vivo, que no es otra cosa que la Morada de Dios...

Alberto E. Justo

No es tiempo de detenerse

¡Más hondo...! ¿Es posible tanta pretensión? Cuando buscamos "Aquéllo" que no se deja reducir ni expresar... ¿no hemos de continuar sumergiéndonos más allá?
El Silencio responde una y otra vez... Pero hay algo maravilloso que no podemos imaginar... Está demasiado cerca... Estamos demasiado cerca. Y no por virtud nuestra. ¿Para qué "mirar" desde aquí? ¿No hemos de mirar, acaso, desde donde somos realmente "vistos"?
Los rumores y los estrépitos de este mundo son muchos, demasiados, quizá... Pero todo eso es "ausencia" o, tal vez, ocasión para descubrir lo más real del otro lado. No, no es el ruido que, apenas, apenas y siempre, se va. No tiene qué hacer ni qué decir. Tampoco la inquietud: nada tenemos que vender... Sí, hemos de descubrir esa tenue y delicada transparencia que se nos brinda en la oración y en las cosas, que es apertura llena de sentido, apertura del alma, precisamente para ingresar más allá, para ahondar más.
He aquí -siempre- el desierto. El desierto florecido mil veces, infinitamente, en el jardín secreto del corazón. Un desierto "sin confines", decía San Juan de la Cruz.
Más hondo, entonces. A no detenerse.

Alberto E. Justo

viernes, 30 de octubre de 2009



¿Te sorprendes?

Quizá ya no querías imaginar "novedades" poco satisfactorias... Y te topas con alguna de esas vallas que, como en las carreras de obstáculos, te ves obligado a saltar. ¡Bendito sea Dios! ¿Podrás suprimir esos pasos antipáticos, que aparecen sin aviso o porque los "comentarios" y murmuraciones los descubren?
Es hora de valor y de firmeza. Eso, que te parece así, tan desagradable, no existe. Tú mismo le das una entidad y una presencia de la cual, evidentemente, carece. No des comida a las máscaras escuálidas. Resiste en tu andar con coraje y nada más. Esos perfiles que temes se desdibujan una y otra vez, van y vienen, en un mundo perdido y sin luz, en un mundo de sombras, a las que no estarás nunca sometido.
"María eligió la mejor parte QUE NO LE SERÁ QUITADA"
Permanece en silencio y en paz y no temas la eventual lucha, que pudieran provocar esas sorpresas. No temió Antonio en el Desierto.
"Que toda la vida es sueño / y los sueños sueños son." "Que toda la vida (ésta) es Desierto y los desiertos, desiertos son."

Alberto E. Justo