jueves, 4 de noviembre de 2010

"Intensidad" del Silencio

Cuando el Silencio asciende... ¡Cuánto se desvela en la aurora insospechada! Ya no es lo que yo imaginaba o lo que de mil modos podía pretender... Es infinitamente más.
Dad lugar a lo Sublime, abriendo las puertas más allá (o más aquí) de los condicionamientos y de los tiempos...
¡Abismo insondable! Es lo propio del espíritu, lo que recibo en el instante primero del alba, límpido y virginal. Surge y resurge la vida en su fuente, en ese "presente" que tanto olvido.
Quedamos seducidos por los premios rápidos y medidos por los relojes humanos. En cambio es ya la oportunidad y el momento de afrontar con coraje lo que no se "siente", más allá de la "ausencia", donde aparece la única presencia.
Pasa a través de la ausencia. Todo se ha callado y los espectáculos de ayer quedan derrumbados, simplemente por allí, perdidos en brumas inconsistentes. Pasa, pasa aceptando la angustia de que perezcan sin decir nada. Más allá, desapégate y entonces: atiende, escucha el silencio, su intensidad y su lección permanente. No temas. Sigue y nada más.

Alberto E. Justo

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Tibi Silentium laus

¡Hora peculiar la de hoy! La de hoy mismo, la de ahora... Multiplícanse los interrogantes y las desazones, las perplejidades y las dudas. Siempre con la tendencia quizá a un futuro imposible o, por lo menos, no existente.
Y, sin embargo, en este o en cualquier deterioro, más allá de ruinas o de ilusiones, saltando por encima y más allá de los "condicionamientos", descubrimos lo que nos trasciende, lo que nos supera, lo que no-depende de nuestro antojo, y que, a pesar de nuestras vacilaciones, nos pertenece cuando lo aceptamos sin condiciones, como Don único...
Y ¿qué podemos decir? NADA. Porque "Aquéllo" es dicho de una vez para siempre. ¿Insistimos en decir?
Es la hora del SILENCIO. Del silencio profundo que asciende desde lo hondo y se postra en adoración, en espíritu y en verdad. Es hora de adorar, no de hablar. ¡Qué terrible multitud de palabras y palabrejas! Sepamos discernir y callemos con admiración, piedad y respeto, para recibir en el corazón profundo lo que no acertamos a imaginar...

Alberto E. Justo

martes, 26 de octubre de 2010

Sosiego y paz

Nos relatan (como buenos cronistas) que, unos y otros, llegan de viaje -¡tantas veces!- y sin motivo grave aparente, hasta que acabamos por preguntarnos las razones de tanto movimiento. En realidad nada válido gesta el hombre sin quietud ni asiento. La dispersión es un mal de nuestros días y tiene fervorosos seguidores de todo pelaje e inclinación. Será por ello que echamos de menos tantas cosas profundas que no aparecen en el horizonte y, sobre todo, la ausencia de aquellas realizaciones que pueden desafiar el tiempo y hacerse perdurables para bien de todos.
Deja de andar de aquí para allá y calienta por fin un asiento. Desde luego no sólo físicamente, sino espiritualmente también... No te ocupes tan en exceso de lo que hacen los demás, ni te afanes en imponerles todo eso que antes o después muere. ¡¡Detente!! No te equivoques, respeta, calla, contempla...
Este llamado resuena en nuestra conciencia cuando sabemos que es necesario vivir y volver a lo interior. Y más necesario es... AMAR. Porque el hombre, que tiene una gozosa limitación, no puede amar en verdad sin quietud, es decir: sin lograr el sentido profundo que le entrega, sin condiciones, su corazón...
Que el Señor nos confirme y nos bendiga, a fin de vivir en verdad en Él y para Él.

Alberto E. Justo

lunes, 25 de octubre de 2010

El Señor es contigo

Aunque te cueste admitirlo, aunque tantos pasen indiferentes ante las grandes verdades o ante los grandes tesoros: tú todo lo llevas en tu corazón y todo vale en la medida en que lo asumes. Más está el alma donde ama que donde anima... Es así. Pero más profundo es esto que llevas: "desierto", "celda", "cosmos" en la interioridad que no tiene confines. "Aquello" va contigo. Tu casa, tu templo. La memoria de tus amigos, la presencia que quieres, según que adhieras o no a ella...
Pero, sobre todo, y más allá de todo, y más hondo que todo, llevas a Dios... Dios va contigo... Decimos a María:"el Señor es contigo." Alégrate pues y goza de lo inefable. De todo aquello que no perderás jamás y que puedes acrecentar siempre en la Caridad de Dios.

Alberto E. Justo

domingo, 24 de octubre de 2010

Los fragmentos se armonizan

¡Se han acumulado tantas cosas! ¡Y también las hay nuevas! Esto nos parece cuando volvemos nuestra mirada hacia lo que pasó, hacia lo que pudo pasar y hacia lo que pueda venir también... ¡Tantos intentos y, cómo no, tantos logros! Pero, semejante conjunto ¿qué significa, qué sentido tiene? Durante mucho tiempo me empeñé en tal trabajo que, muy luego, debí dejar. En otras ocasiones me ilusioné con emprender varias cosas: algunas resultaron y otras no...
¿Entonces? ¿Qué es todo eso? ¿Simplemente "lo que pasó"? ¿Se trata de enormes pilas de ladrillos que yacen ahí nomás, al paso de los caminos?
Ahora bien, ¿por qué no construir con esos "disparatados" ladrillos? ¿No podemos descubrir un sentido unitario y coherente a ese conjunto que parece no lograr ninguna síntesis, así en fracciones o en pedazos separados?
Si recibo una luz "unificante" puedo dar sentido a todo, porque todo -de algún modo- ha partido y sigue brotando de mi corazón. La historia es una, integrada por "armonías", es una sinfonía de singular belleza si aprendo a leer y a enderezar. No hay "leyes" asfixiantes que prohiban o impidan el amanecer cada vez más claro de un sentido que brinda la vida misma, única para cada uno.
¡A descubrir, pues, ese camino trazado, quizá inadvertidamente, pero presente y real porque es vida que sigue brotando de su fuente y manantial!
Todo tiene un sentido y nada se pierde ni se disuelve. Aún lo que menos sospechamos. Todo posee un valor, aún lo que no entra en las perspectivas de quienes se consideran sabihondos o mandones "por este año" y no lo son en realidad...
En el valle secreto todo converge y se armoniza. Todo es canto y perspectiva luminosa para quien se atreve a descubrir y a ver...

Alberto E. Justo

viernes, 22 de octubre de 2010

diálogo rápido...

-¡Ah, don Geroncio, difíciles tiempos, la zona está desierta! Así se expresó el buen Pancracio una mañana, cuando, al despertar, se le hicieron patentes tantos deterioros...
El viejo Geroncio, con paz, respondió: -No amigo, no se aflija ni se detenga en el desierto, en el paraje desolado. No...
-Pero la vida desmerece, perdemos "nivel" y "categoría" perteneciendo y permaneciendo en parajes desmoronados...
-No es así, insistió el anciano. Las "zonas" no hacen a las personas, sino que las personas elevan las "zonas." Yo he dado a Dios mi vida, sólo a Él, y los desiertos que atravieso valen lo que la Providencia establece. No son los desiertos los que hacen las flores. Son las flores las que transfiguran el desierto. No importa tanto el lugar donde estamos, sino, en definitiva, cómo somos. Tenga la certeza de que una vida vale en cualquier parte y que ¡tantas veces! los mejores deben caminar y atravesar los lugares peores. No se "pertenece" a ninguna estructura perecedera. El empeño y la palabra nos elevan por encima de las "creaciones" humanas y nos transfieren más alto, a solo Dios. Y a Él se lo ha de hallar en cualquier parte, sobre todo allí donde su Voluntad lo establece y se cumple, así en la tierra como en el Cielo. Levántese usted, amigo Pancracio, en su espíritu, y vuele adonde Él lo lleva; y sea siempre según su conciencia, aceptando VOLUNTARIAMENTE el Don de Dios.

Alberto E. Justo

jueves, 21 de octubre de 2010

el camino verdadero es el no-trazado

Nos hemos decidido por seguir el camino no trazado. Bonita audacia desde luego... Pero este es el verdadero camino porque es el que, de hecho y en realidad, trazo yo mismo. No aquellos otros, de los que nada puedo saber, sino éste mismo, aquí y ahora.
Vámonos de una buena vez a la ciudad escondida. Al paraje escondido, al valle, a la montaña... ¿Dónde están? Abajo, están debajo sustentándolo todo y dando razón y sentido, dando alguna forma, a lo que se puede ver. Percibo ese "otro" viento, esa brisa que refresca, que manifiesta sólo algo de un bello secreto, de una realidad. El Desierto despoja, pero entrega, más allá de sus límites, la Realidad y la Vida que nada ni nadie en este mundo pueden expresar. Lo inefable es ocasión, siempre, de lo no-manifestado. Apertura y horizonte, en suma, libertad.
Ríete de lo que dicen o de lo que discuten por esos andurriales. Hay sombras que se reunen y endurecen el entrecejo para aparentar seriedad y aplicación. Luego oprimen y aprovechan. Habilidad poseen y recursos también. Pero están en la misma tragedia de lo inexistente y de lo fantasioso. Se pueden inventar miles de situaciones y forzar otras tantas, pero ninguna es real. ¡Tanto se puede combinar! Pero eso no es vida.
¡Adelante pues! Que el canto de las aves, el perfume de las flores, el horizonte de los paisajes, la nieve de las montañas, todas las estrellas del cielo, el mar, la luna y el sol ¡tantos hermanos y pequeños! todo, todo es para tí y todo te habla de Dios.

Alberto E. Justo