lunes, 30 de mayo de 2011



Siempre camino de libertad, sin temor

¿Cómo lograr la "paz" en medio de los sobresaltos y angustias de la hora? Las pruebas son beneficiosas... Y la quietud es consecuencia de un alma que confía y que sabe que puede y, muchas veces, debe resistir. Ni las circunstancias, ni las porfías, ni los disfraces de quienes empuñan cetros de oro, de hierro o de hojalata quitarán la paz de quien sabe que también su misión escondida es resistir. Resistir, en efecto, y permanecer, libre de ataduras y de compromisos.
¿Las consecuencias? Las que sean. La conciencia sabe por las sendas que ha de perseverar y no se detiene en sustos ni en amenazas...
El camino del Desierto es camino de soledad y, por tanto, de libertad. El silencio auténtico nos regala la proximidad de los corazones... Quien rechaza los gestos hipócritas descubre inmediatamente esta comunión profunda, más allá de las determinaciones o de los usos corrientes.
Amigo, huye del "compromiso" barato, o de lo que te haga "quedar bien." Si has de ser fiel a la verdad y a tu conciencia actúa dignamente y con honor. ¡Tantas veces el peregrino pasará quizá por rebelde o por necio! No temas. Atiende y escucha: "¡Hombre de poca fe, ¿por qué dudas?"
Quien te llamó al Desierto "para hablar a tu corazón" está siempre contigo. En Él "somos, nos movemos y existimos"... ¿Qué más?

Alberto E. Justo

martes, 24 de mayo de 2011

Contempla el cielo como el primer día

Cuando desde lo hondo el corazón aspira... Entonces participa en ese altísimo e inefable respiro que es su vida y su secreto: el corazón aspira la expiración de Dios...
La aspiración no nace en el corazón... Éste la recibe, la acoge, aunque no tenga conciencia actual de ello. No es necesario insistir. Con mayor simplicidad cada vez. Con la sonrisa y la ternura de Dios.
Nuestros pasos, los que trazan la senda, en realidad provienen, proceden, siguen lo que ya tuvo comienzo. Pretendemos construir una casa y ya la tenemos hecha, se nos ocurre que nos faltan tantas cosas y ahí están a nuestra disposición.
Del Corazón del Señor sigue brotando la vida...
Inicialmente, antes de la Aurora, de alguna manera en Él estamos.
Recordemos nuestra condición primera, nuestra virginal soledad... Decía Un Cartujo: "El espíritu que asciende hacia el encuentro interior atraviesa el tiempo en oblicuo como un relámpago, su vida no es conquista, adquisición o progreso, sino despojo liberador."

Alberto E. Justo

domingo, 22 de mayo de 2011

El Espíritu ora en nosotros

La certeza de nuestra oración y la perseverancia en nuestro camino son un testimonio de amor con el que intentamos exhortar a la confianza y al abandono en el Señor. No es necesario realizar ninguna proeza especial... Simplemente continuar en silencio, dejando a Dios ser Dios, como dicen tantos maestros espirituales.
La oración es sencilla... Es de aquello de lo que siempre nos tenemos que convencer. Por otra parte no busquemos en absoluto ser tenidos por orantes. Intensifiquemos la conciencia de nuestra intimidad, escondidos en el Corazón del Señor.
Ante esto, cualquier elevación es buena. Elevamos el espíritu dejándonos elevar, sobre toda criatura levantada, decía del alma San Juan de la Cruz, precisamente por el Espíritu que ora en nosotros con gemidos inefables.
¡Qué novedad inacabable! Siempre aparece más honda y más real... ¿Qué añadir?
Pues detengámonos y dejémonos llevar al Corazón de Dios.

Alberto E. Justo


Plegaria y poesía, en cada instante

Poesía y plegaria: Todo canta y llegamos a descubrir el mayor himno en el silencio y hasta en la ausencia... Cuando no puedes, lo puedes todo. Llega el Señor a cada instante a orar con y en nosotros... Confiemos en esta verdad: el Espíritu no nos abandona

Alberto E. Justo

sábado, 21 de mayo de 2011

No te detienen las estructuras...

Si, habitualmente, tornamos a la conciencia de nuestra soledad interior, comprobaremos una expansión, cada vez mayor, en el corazón. En efecto, la experiencia de lo "numinoso", el toque de lo sublime, la apertura profunda al Ser, despejan -sin cesar- un horizonte inimaginable y abren, una y otra vez, la perpectiva orante y contemplativa de nuestra vida.
Es aquello que jamás perdemos porque Dios mismo lo da... Es nuestro Secreto permanente, que nada ni nadie puede arrebatar.
Y si experimentas una anchura en el corazón que no te explicas. Si caes en la cuenta que desbordas, que no hay medidas para ti en las costumbres y en las modas, que nadie ha previsto espacios como aquellos que sueñas y que buscas...: no temas porque ya tienes "eso", porque cuando padeces un límite te encuentras más allá de él. No hay ya estructuras que te encierren, ni discursos o medidas que te aprieten o detengan. Persevera con confianza que inmenso es el regalo aunque nadie lo perciba o lo comprenda o lo acepte en ti. Que Dios no se da para la popularidad de nadie, sino para guardar celosamente en Su Corazón el mayor de los secretos.
No temas la necedad, ni te asusten los necios. Todos proponen armaduras y soldaduras y se disgustan con lo que sea, porque necesitan centímetros, reglas, escuadras y, sobre todo, balanzas para los pobres viandantes.
¡No importa nada de eso! Arrójate con confianza en el Mar sin fronteras, acepta la "emoción" escondida... Y espera...

Alberto E. Justo