jueves, 21 de octubre de 2010

rayos de luz que llevan al sol

¡Qué gozo tan grande es entender el lenguaje de los pájaros! Porque ellos vuelan como el alma y poseen la maravillosa condición de hablarnos por el sólo hecho de existir y de ser tales como son... Así se abren las fronteras en el secreto maravilloso de lo más profundo. Todo habla o, mejor, todo canta; y es un himno de alabanza que se vuelve nuestro cuando nos damos cuenta de que sólo lo esencial merece nuestra atención...
¡Cuántos vanos esfuerzos para realizar un magnífico viaje de vacaciones! Pero siéntate, ahora mismo, junto a un árbol y bébete una taza de te... Acompáñala con algo y deja de lado las noticias recientes y las alarmas del día... Deja y deja aquello en el nivel que le corresponde y goza del resplandor de las cosas, de los rayos de luz del Ser que, como el sol con el aire, todo lo llena de su presencia...
El mejor viaje es este: camina al corazón y al fondo y goza de los viajes inmensos en el territorio inalienable de las múltiples significaciones que tu inteligencia es capaz de descubrir. La Inteligencia humana es develadora de verdades y de proyecciones infinitas. Vive una y otra vez. Revive, que nada ni nadie te puede quitar la realidad, la hondura y la paz.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La "confianza" es "arrojo" y certeza

La heroicidad en el trabajo es pareja a la heroicidad en la confianza. El peregrino ha de aprender a resistir el asalto de la desilusión y de la desvalorización de las cosas y de las obras, tan abundante en nuestros días. Es que el peregrino tiene una fuerza decisiva que tantas veces olvida o, simplemente, descuida. Es la CONFIANZA y el ABANDONO en Dios DIRECTAMENTE. No hay nada mayor, ni método más eficaz... Arrojarse en los brazos y en el Corazón del Señor, a pesar de lo que fuere y de tantas versiones "diferentes" que se disputan los micrófonos del mundo ensordecedor.
Sabemos que la vida contemplativa no está limitada ni impedida por ninguna circunstancia, porque el verdadero y "Único" Contemplativo es Cristo Jesús y somos contemplativos en Él. Sí, en Él.
También oramos en Él y con Él. Aquí está la hondura permanente de esa vocación e invitación de VELAR con Él.
Tantos piden definiciones y se sumergen en vanas estructuras. ¡Cuántos son los que más confían en sus caligrafías que en Dios! De éstos están llenos los ambientes "religiosos" que tantas veces nos sorprenden por la ausencia de piedad y por el desenfreno de procurar sólo "resultados" y éxitos pasajeros. Porque todo pasa...
Fuertes pues en la Esperanza, que es una Virtud Teologal. Fuertes en la Esperanza que tiende decididamente a la Vida Eterna, con la confianza en el auxilio de Dios.

Alberto E. Justo

martes, 19 de octubre de 2010

espéralo todo de Dios

Aunque hoy mismo dudes acerca de ti... Acerca de ti y de tus cosas, obras y trabajos... ¿Serán en verdad útiles? ¿Puedes contar con cuanto hasta este instante has realizado? ¿Qué se dice por ahí?
Pues no te detengas en eso ni en lo otro. Nada. Calla. ¿Contar contigo cuando cuentas con Dios?
Me dirás: -Dios aguarda que yo haga esto o aquello. En cierto sentido es verdad, pero si lo planteas así lo planteas muy mal. El Padre quiere adoradores en Espíritu y en Verdad. El Señor aguarda (por decirlo de esta manera) tu respuesta profunda de amor, con el mismo Amor que te da y te dona... (que Se da y que Se dona).
¿A qué preguntarte acerca de tanta eficacia si todo se manifiesta en Su Misericordia? Abre tu corazón con compunción y confianza y obra en silencio sin que tú, precisamente, esperes nada. No esperes nada de ti mismo, espéralo todo de Dios.

domingo, 10 de octubre de 2010

Virtud Teologal de la Esperanza

¿Por qué temes los días peores? ¡Vaya pregunta!-dirás. Y sin embargo quisiéramos liberarnos totalmente de ese extraño peso que nos detiene en los lugares imprevistos. Sí, es la verdad, tememos la adversidad, la enfermedad, el desconsuelo, el fracaso... ¡tantas cosas!
Pero es preciso, en cualquier circunstancia, levantar el ánimo aferrándonos a esa "corriente divina", a esa "energía" que proviene de lo alto (de lo ancho y de lo bajo) y nos estrecha en su virtud. ¡Ánimo y coraje ante lo que no comprendemos y durante las horas de dolor! Es muy mucho, muy grande lo que esperamos. Cuán grande sea el objeto de nuestra Esperanza, la certeza de nuestra Esperanza, no podemos expresarlo aquí. ni en cualquier otro lugar.
¡Huye de los malos humores y de las broncas escondidas! Esta vida es provisoria o, mejor, es camino dichoso a la definitiva. Trabaja una y otra vez en esta decisión de "cultivar" la Esperanza, que es infundida en nosotros por Aquél a Quien esperamos y de Quien todo lo esperamos. Dejemos actuar a su Madre, nuestra Madre Santísima... No todo lo que ocurre es mal ni va mal. Eleva la mirada, trata de escuchar lo que se da, lo que se te da... Aunque duela el corazón y el cuerpo, aunque asome la enfermedad.
Dignare me laudare Te Virgo Sacrata, da mihi virtutem contra hostes tuos.

Alberto E. Justo

Madre de Misericordia

No es necesario insistir en demasía... Ya estamos en ese valle que nos sugiere que vivimos en la realidad escondida. Ahora meditemos, con atención y paz, los Nombres de Dios.
¡Misericordia! Este es el Nombre que nos convoca hoy. Y, con un Rosario en la mano, recemos la primera decena bajo la luz de este Nombre... María, Madre de Misericordia. María, Madre de Misericordia en la Anunciación, porque aún en este instante, en nuestro corazón y con nosotros, si así lo queremos, su respuesta de resonancia eterna, enciende nuestra oración y nuestra vida. Y así, en cada Misterio, descubriremos honduras nuevas con los Nombres de Dios.
Porque el Señor nunca deja de "pasar" en su Inefable Silencio ¡que siempre dice, que siempre habla! Porque, en efecto, Dios no calla.
Aprovechemos la coyuntura para, otra vez, atender las cosas iluminadas, la maravilla del ser, la sonrisa de lo que es... Dejemos de lado ese sinfín de noticias lúgubres y portadoras de angustia. Esas terribles condiciones y mensajes que obscurecen el horizonte y pretenden nublar nuestra paz (que no nos será quitada).
La conciencia se ensombrece con la consideración de lo que no nos pertenece y de lo que no nos atañe. No hemos de manosear nada. ¡¡Silencio y Paz!!
Firmes en la Esperanza, seguros del Don de Dios. Renovando esa actitud siempre contemplativa de adoradores del Padre en Espíritu y en Verdad.

Alberto E. Justo

sábado, 2 de octubre de 2010

Quédate y adora. En Espíritu y en Verdad

Si sigues adelante, y más hondo todavía, verás lo que hasta hoy no veías... Los velos caen, poco a poco, o de golpe, si Dios así lo quiere. Aguarda y no te apresures sin sentido. Tu jardín es un Huerto donde el Señor te invita y te llama a velar con Él. Al menos una hora. La "hora", ésta misma hora, que es tu respiro y es tu vida hoy.
Escondida en el instante, en esta hora presente, está la Eternidad. Quédate, pues, y ora. Adora en el silencio que el instante te permite alcanzar. ¿Quieres?
Secreto de la voluntad. El deseo es sólo uno y lo abarca todo: "que se cumpla Tu Voluntad", Señor.

fr. Alberto E. Justo

jueves, 30 de septiembre de 2010

¿Quién soy?

Nuestro Camino nos descubre un jardín de insondable belleza, cubierto de sol y de luz, que desciende permanentemente desde lo alto, desde el cielo. Flores y aves lo atraviesan en todos los sentidos. Es paz, esplendor y canto. En su centro una fuente cristalina que alimenta los arroyuelos que parecen circundarlo, pero nunca lo limitan. Más bien lo abren porque atravesado el curso del agua pasamos a otro (que es el mismo) más elevado, más iluminado y más verde. Una brisa ligera mece los árboles que se elevan de la tierra al cielo. Jardín y templo son uno. No acaban, se abren más allá...
Llevamos una lámpara de bronce (que es nuestro cuerpo). El preciado aceite que contiene es símbolo de nuestra alma. Y hay una mecha, una mecha que se abre hacia afuera: nuestro espíritu; que ha de ser encendida por el Fuego del Espíritu que desciende desde lo alto y llega a habitar, a morar, en nuestro corazón. No podemos concebir esa mecha sin su Luz.
Cuerpo, Alma, Espíritu. En un sólo movimiento y júbilo de unificación hacia lo alto, desde la mecha que arde y cuya luz nos da todo el sentido y nuestra honda vocación.
En la orilla del mar... El sol nos ilumina y ese rayo de luz, único, personal, intransferible e incomunicable, nos manifiesta que todo lo somos en él. Que en Él somos, nos movemos y existimos...

Alberto E. Justo