¿Te preguntas -nuevamente- por el "sentido"? Es comprensible... El peregrino no ve resultados y lo más propio es que no pueda sacar nada de todos ellos. Entonces, ¿te sientes tan mal porque no logras trabajar en lo que deseas, porque "otros" no te atienden, o porque los "respondables" te ignoran? Es lo más frecuente y casi una ley del "peregrinar", que se cumple tarde o temprano. Y sufrimos, unos y otros, por considerar que hemos quedado marginados e infecundos, sobre todo cuando aquellos, que están más allá, se llevan los premios. ¡Cuántos se juzgan fracasados e inútiles, porque sufren esa... "desatención" indiferente!
Pero... (siempre surge un "pero") no todo queda ahí y no han de plantearse estas cosas ahí, ni así.
La fecundidad del hombre es la obra de Dios. Digámoslo de este modo, por ahora. Deja que el Verbo nazca en tu alma y déjale obrar... ¿No has pensado que el sufrimiento de hoy (que no comprendes) en el misterio de Getsemaní tiene una proyección y fecundidad eternas?
Tus lágrimas valen más que cuanto pudieras decir, expresar, transmitir, difundir o enseñar a lo largo de toda tu peregrinación en este mundo. Y no se trata sólo de un "sufrir", sino de ese "descenso" en y con el Señor, que no tiene explicación ni discurso.
No dudes de la acción divina cuando tu no puedes hacer más que adorar. El Señor puede ver por tus ojos... Deja que te posea y goza. Alégrate en Él. Que tu mano izquierda no ha de saber lo que hace tu derecha.
Alberto E. Justo
sábado, 8 de enero de 2011
martes, 4 de enero de 2011
¿Quién es el que conoce?
El panorama de las superficies puede ser -siempre- sumamente seductor. Si nos establecemos a la vista de todos y con general beneplácito y aplauso, más todavía. Pero esto es un engaño. Un solo "sometimiento" a la vida misma, a un sufrimiento indescriptible o incomprensible, buceando en su hondura y en su proyección y ofrecido y elevado a Dios, vale más que diez mil premios, atenciones o éxitos pretendidos...
¿Cómo sumergirnos en esa verdadera dimensión que no tiene a su disposición ni propaganda, ni sistema alguno de difusión? Nos seduce... "difundir", hacer una y otra vez pantomimas en el escenario para que todos nos vean... Preguntamos: -¿cuánta gente hay? Y según la medida nos parece que vale la pena actuar.
Insistimos en los balcones que miran hacia afuera: sentidos y potencias; y olvidamos a aquel que es quien ve. Volcados a los objetos olvidamos al sujeto...Es hora de invitarnos a esta meditación. Conozco (desde luego y sin duda) pero ¿quién soy? ¿Quién es el que conoce?
Alberto E. Justo
¿Cómo sumergirnos en esa verdadera dimensión que no tiene a su disposición ni propaganda, ni sistema alguno de difusión? Nos seduce... "difundir", hacer una y otra vez pantomimas en el escenario para que todos nos vean... Preguntamos: -¿cuánta gente hay? Y según la medida nos parece que vale la pena actuar.
Insistimos en los balcones que miran hacia afuera: sentidos y potencias; y olvidamos a aquel que es quien ve. Volcados a los objetos olvidamos al sujeto...Es hora de invitarnos a esta meditación. Conozco (desde luego y sin duda) pero ¿quién soy? ¿Quién es el que conoce?
Alberto E. Justo
sábado, 1 de enero de 2011
¿Qué comporta, en verdad, confiar?
No se trata de apelar a ninguna casualidad, ni a la buena fortuna, ni a cerrar o abrir los ojos, ni a todas esas "seguridades" que, según el tiempo, se nos van ocurriendo. Se trata, en cambio, de no confiar en creaturas, ni métodos, sino en una confianza heroica en Dios. A imitación de Abraham que "esperó contra toda esperanza."
El secreto comporta este derrotero interior: así como no tengo prueba, ni demostración, ni constancia de lo más sublime (y sé con máxima certeza que ES), también he de arrojarme en los caminos de la historia y de la misión que el Señor me da, sin más comprobación de añadidura.
Alberto E. Justo
El secreto comporta este derrotero interior: así como no tengo prueba, ni demostración, ni constancia de lo más sublime (y sé con máxima certeza que ES), también he de arrojarme en los caminos de la historia y de la misión que el Señor me da, sin más comprobación de añadidura.
Alberto E. Justo
Tengamos presente lo más escondido
Siempre de camino, descubriendo el secreto del corazón, del Fondo del Alma, maravilloso misterio del cual nada podemos decir y todo podemos gozar...
Es un regalo penetrar algo de todo ello, pues nos damos cuenta que la luz, que la música más sublime, está ahí y que no queda sujeta ni expuesta a variaciones ni antojos, a razonamientos vanos, ni a comentarios ociosos. Cuando algo interior y verdadero se nos esconde es para "verlo" en una perspectiva infinitamente más profunda, que va más hondo que los sentidos y las potencias.
Por ello: callemos reverentes, con infinito respeto, y cultivemos ese silencio que ya está en el alma y que nos lo dice todo más allá de todo (o más aquí, si se prefiere) sin olvidar la ternura divina que se manifiesta a cada paso de nuestras jornadas.
Alberto E. Justo
Es un regalo penetrar algo de todo ello, pues nos damos cuenta que la luz, que la música más sublime, está ahí y que no queda sujeta ni expuesta a variaciones ni antojos, a razonamientos vanos, ni a comentarios ociosos. Cuando algo interior y verdadero se nos esconde es para "verlo" en una perspectiva infinitamente más profunda, que va más hondo que los sentidos y las potencias.
Por ello: callemos reverentes, con infinito respeto, y cultivemos ese silencio que ya está en el alma y que nos lo dice todo más allá de todo (o más aquí, si se prefiere) sin olvidar la ternura divina que se manifiesta a cada paso de nuestras jornadas.
Alberto E. Justo
domingo, 12 de diciembre de 2010
Apertura, otra vez y siempre
Quizá alguien camine por senderos silenciosos, al pie de las monatñas, donde apenas un leve soplo del viento acompaña su andar. Otros seguirán por el valle, más allá de cualquier determinación, admirando y gustando el aire y el perfume de las flores. Habrá -por esas zonas de la lejanía- ilusionados peregrinos buscando siempre una nueva soledad...
Por aquí, en cambio, sin lograr expresión adecuada, bordeamos el abismo y nos deslizamos en él. Ruidos los hay, de los más terribles, sorpresas de todo tipo y a granel, miradas perdidas, desengaños, sombras y santuarios sin altares... Soledad sin marcos, ni límites, hondura inaudita, interrogante que evoca las sendas más escondidas y los lugares que ya no son tales.
¿Espacio? No queda otro que el salto a la Eternidad.
Todo el encanto y la belleza de los altos parajes, todo el embrujo de aquellas melodías de paz, los perfiles de rostros maravillosos, los ojos más penetrantes... Todo, todo, puede vivirse en esta apertura del alma a la Eternidad.
Alberto E. Justo
Por aquí, en cambio, sin lograr expresión adecuada, bordeamos el abismo y nos deslizamos en él. Ruidos los hay, de los más terribles, sorpresas de todo tipo y a granel, miradas perdidas, desengaños, sombras y santuarios sin altares... Soledad sin marcos, ni límites, hondura inaudita, interrogante que evoca las sendas más escondidas y los lugares que ya no son tales.
¿Espacio? No queda otro que el salto a la Eternidad.
Todo el encanto y la belleza de los altos parajes, todo el embrujo de aquellas melodías de paz, los perfiles de rostros maravillosos, los ojos más penetrantes... Todo, todo, puede vivirse en esta apertura del alma a la Eternidad.
Alberto E. Justo
domingo, 5 de diciembre de 2010
¿Predicamos en el Desierto?
Nuestra voz se pierde en la lejanía de aquellos eriales y el eco se esconde en las montañas, más allá...
Es el Misterio. Porque todas las "voces" se proyectan en la Eternidad y los Silencios, que son presencia maravillosa, se hallan profundos en el Corazón.
A.E.J.
Es el Misterio. Porque todas las "voces" se proyectan en la Eternidad y los Silencios, que son presencia maravillosa, se hallan profundos en el Corazón.
A.E.J.
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