domingo, 4 de diciembre de 2011

Vuelve a la "pureza original"

Cuando suena "aquella" voz sin melodía... Tal vez sufrimos el apremio y no sé qué distracción impertinente. Llaman y tejen... E imponen... Los consejos vulgares siempre ahogan. También se oye el "grito" de los horizontes oscuros, desencajado, fuera de lugar y de tiempo. Estrépito que viene y va...
¡¿Pero qué estamos diciendo?! Quizá busquemos describir, y mal, lo que no sabemos ni nos toca saber...
Pero hemos aprendido que no somos eso y que no estamos donde nos parece estar. ¡Sí, el espíritu vuela, es ave maravillosa y siempre va más allá! El tejido no nos detiene... Quedó allí con tantas y en tantas contingencias, condicionamientos y accidentes.
Y tú, amigo mío, quita y deja lo que te ata y condiciona. Vuelve a la "pureza original", levanta tus ojos al Cielo, porque tus ojos se vuelven cielo y el cielo, tus ojos.
¿Sabes? Tu corazón descubres cuando todo es silencio, cuando descubres el silencio en tu corazón.

Alberto E. Justo

sábado, 3 de diciembre de 2011

Orden y sentido

Nuestra meditación se detiene, a veces, en las extrañas sorpresas de lo "cotidiano". En efecto, el tejido de sucesos nos rodea y es difícil desatender ciertos reclamos que parecen determinantes, aunque no lo son...
Volver a lo esencial (que no significa menospreciar nada) comporta redescubrir nuestra condición profunda, el "fondo del alma", es decir: la vida del Espíritu.
Nuestra vida auténtica y honda, no está "condicionada" por desvelos exteriores (los que sean), sino que es descubierta cuando precisamente quitamos, de algún modo, los accidentes que nos distraen.
Ahora bien: esos "accidentes" no son solamente los que tenemos por tales apresuradamente... Lo que nos distrae y nos deja inermes es el "apartamiento" de la "vía directa", cuando nos quedamos veranear en los "medios" y olvidamos el íntimo valor y ordenación de todas las cosas.

Alberto E. Justo

lunes, 28 de noviembre de 2011

Nada ni nadie puede invadir nuestra intimidad

Con mucha frecuencia el "ambiente" exterior nos asfixia o nos asusta. Es un dato que se repite, precisamente cuando aguardamos esa quietud o tranquilidad propicias para nuestros trabajos o para lo que sea...
Sin embargo no son estas horas demasiado originales. El ruido y el estrépito de hoy parece insoportable, es "nuevo", pero ha habido y habrá otros ruidos y muchos otros "dolores" en el curso de nuestra peregrinación...
Por tanto nuestra respuesta es siempre introducirnos en el SILENCIO que llevamos en el corazón... ¿Qué es esto? Nuestra relación a lo alto es intangible y no puede ser quebrada por nada. Nada ni nadie nos puede privar o alejar de la Presencia de Dios.
El ambiente (digámoslo así) puede ser manifiestamente hostil... Pero nada ni nadie puede pasar más allá del límite e invadir nuestra intimidad.
Recordemos y RECONOZCAMOS. Esto es importante: tornar a "conocer" una y otra vez. Volver a casa siempre.
Luego se nos manifestará esa luz que no definimos, cuando dejemos y quitemos lo que tanto lugar ocupa en nuestro interior.

Alberto E. Justo

domingo, 27 de noviembre de 2011

aprender a caminar sin temor

Cuando comienza el Adviento... ¿Es necesario decir esto o aquello? Sabemos que es éste un maravilloso tiempo de Esperanza. Recordemos, es decir: volvamos al corazón con mayor fervor a fin de hallar en nuestro portal interior al Señor que allí nace...
Pero siempre ¡¡ánimo!! Es muy posible que los "desvíos" de una hora tan severa como la presente nos hagan vacilar, nos detengan perplejos en alguna vuelta del camino y nos claven, sin salida, para esperar sin caminar.
No, esto no es esperar en verdad. Nadie aguarda nada clavado y sin movimiento... Caminemos ahora contemplativamente, con pasos que no son simplemente "nuestros" sino que, como la vida, los recibimos como don incomparable.
Aprendamos, eso sí, a ser "independientes" y "libres". ¿Cómo se aprende a... caminar? Rechazando inicialmente todo temor, sin identificarnos con lo perecedero que nos abruma... No es fácil, pero vale la pena hallar el sentido profundo...

Alberto E. Justo

lunes, 7 de noviembre de 2011



Quizá se multipliquen los interrogantes...

Pero aprendamos a no dispersarnos en las respuestas... ¿Se multiplican en verdad esas preguntas que -tal vez- nos angustian o nos alejamos de nuestro CENTRO y olvidamos el "tesoro" que ya se nos ha regalado?
Es muy posible que algunas situaciones favorables nos lleven a plantar una tienda y a no movernos más, pensando haber alcanzado cierto "objetivo" y, con él, nuestra "tranquilidad." Pero si tal cosa hacemos: nos encontramos en un error. No hay morada definitiva ni lugar por allí fuera. Lo que buscamos entre esos muros o aquellas ilusiones no se encontrará jamás por semejantes "lejanías." Lo que buscamos está en nostros, en el corazón, en el silencio, en la soledad profunda.
¡No! no nos apartemos de la senda interior y perseveremos siempre en la peregrinación que nos lleva, más adentro, al Corazón de Dios...

Alberto E. Justo

jueves, 13 de octubre de 2011

Dignidad del ESPEJO

Toda "construcción" de una "ermita interior" o aventura de "desierto", tiene la característica del ESPEJO. En efecto, el secreto y el silencio interiores pueden reflejar algo de su misterio hallando un marco que los reciba diseñando los símbolos que son esa ermita o ese desierto.
El abismo interior no halla posibilidad de definiciones, ni de estructuras de ninguna especie. Para aproximarse es preciso atender a la voz, a la Palabra del Señor que nos dice del "secreto del Padre", del Padre que VE en lo secreto, en suma de morar en ese ámbito inefable.
Lo Bello, el Arte y la Poesía, siempre nos enseñarán a "construir", a edificar ese espejo, debiendo reconocer nosotros su inefabilidad.
Que la oración nos conduzca... No olvidemos que la Gracia se "anticipa"....
El silencio dirá lo que no acertemos a expresar.

Alberto E. Justo